Documento de Sasaima

Teólogos y escritores de CICLA

1-6 de julio de 2003

 

 

INTRODUCCIÓN

Para concretar la convocatoria de CICLA a reflexionar sobre la misión profética que se nos abre como claretianos en las nuevas realidades de Latinoamérica y el mundo, nos hemos reunido durante una semana en Sasaima, cerca de Bogotá, Colombia, un grupo de misioneros de diferentes naciones de nuestro continente, para hacer realidad el Segundo Encuentro de Teólogos y Escritores de nuestro organismo regional.

Al término de él queremos presentar a nuestros hermanos el fruto de nuestra fraterna convivencia y reflexión, respecto de los desafíos que a nuestro juicio interpelan a todos los hijos de Claret y nos obligan a orientar nuestro rumbo de acuerdo a las graves y urgentes necesidades de un futuro que ya está aquí. Nos ha interpelado en especial la situación de Colombia y de los pueblos de nuestro continente que viven situaciones de enorme opresión, injusticia y violencia por causa de un sistema inhumano que tiende a dominar al mundo entero.

Los encuentros de teólogos y escritores claretianos se vinieron proponiendo desde la asamblea de Santo Domingo (1996), y su realización fue reiterada en las asambleas de Haití (1999) y Cochabamba (2002). El primero de ellos se hizo realidad en Medellín en 1999. En Cochabamba se definieron sus objetivos primordiales: facilitar materiales y organizar foros sobre temas actuales como la misión compartida, los desafíos del pluralismo religioso en la misión claretiana y la espiritualidad en el contexto de América Latina.

El documento que ahora presentamos va destinado a todos los misioneros Claretianos de Latinoamérica y del mundo, que viven y sueñan con la utopía del Reino; la que nos hace creer que otro mundo, otra Iglesia y otra Congregación son posibles. Un mundo donde la paz sea fruto de la justicia; una Iglesia que sea signo profético de las enseñanzas de Jesús; una Congregación que sea verdaderamente misionera de la Buena Nueva.

Al iniciar este segundo encuentro, el P. Aquilino Bocos, Superior General, nos ha dicho: "A CICLA le debe mucho la Congregación por su lucidez y empeño misionero. Pero puede y debe seguir iluminando y abriendo nuevos caminos al Evangelio. Puede y debe seguir animando a los agentes de evangelización (presbíteros, consagrados y laicos). Es cuestión de continuar articulando todas las riquezas de personas que piensan, y ponerlas al servicio de las comunidades. Para hacer fecunda y universal nuestra vida misionera necesitamos leer más, estudiar más, pensar más. No basta ser espectadores, ni meros relatores de lo que está pasando; es preciso ahondar en las causas que originan el curso de la historia presente y discernir si es historia de salvación o es postergación de la dignidad de los hijos de Dios."

Iluminados por estas palabras e interpelados por las realidades que hoy se oponen al Reino, hemos compartido nuestras inquietudes y sueños personales. Desde ahí hemos sentido que juntos podemos soñar y contribuir a la construcción de una nueva realidad, convicción que creemos está impresa en este documento.

Nuestro análisis ha partido de una reflexión conjunta sobre las realidades actuales del mundo –en especial de Latinoamérica-, de la Iglesia, de la vida consagrada y de la Congregación. Las hemos iluminado con la reflexión teológica, y de ahí hemos deducido diversas propuestas que ofrecemos a la consideración y debate de todos nuestros hermanos. Anhelamos que ello nos ayude a repensar nuestra vocación, identidad misionera y compromiso hacia el pueblo al que estamos llamados a servir.

Confiados en la presencia de María, nuestra madre y formadora, y de Claret, nuestro padre y fundador, invocamos al Espíritu que en Pentecostés iluminó y animó a los primeros apóstoles, convencidos de que también hoy es poderoso para generar un cielo nuevo y una tierra nueva.

Sasaima, 5 de julio de 2003

 

1. NUESTRA REALIDAD:

1.1. Realidad del mundo

1.1.1. Un único dueño del planeta

A partir de la invasión a Irak, los EE UU de Norteamérica han emergido en forma manifiesta como única e incontrarrestable potencia imperial y dueña absoluta del mundo. Y esto ocurre por primera vez en la historia. Con todas las riendas del poder en sus manos, USA se echó al bolsillo a las Naciones Unidas a vista y paciencia del resto del mundo. Hoy ella, y sólo ella, decide no sólo quién es un peligro para la democracia o la libertad, sino también quién podría llegar a serlo. Ha consagrado así como derecho propio la "guerra preventiva", que esgrimiera en sus tiempos el nazismo y que Japón utilizó contra los mismos EE UU en Pearl Harbor, por lo cual tras la Guerra se juzgó al general responsable. Además Norteamérica se ha arrogado el derecho de calificar como "terrorista" e incluir entre el "eje del mal" a cualquier país al que proyecte atacar e invadir.

El proceso a través del cual se ha llegado a esta situación no es nuevo. Tampoco es una reacción al ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono, como pudiera suponerse. Según diversos analistas, se trata de un proyecto de dominio mundial que USA puso en marcha a lo menos antes del término de la Guerra Fría.

1.1.2. Un sistema perverso

No obstante, el proceso de globalización neoliberal -que USA busca consolidar mediante su dominio del mundo junto al grupo de naciones que la secunda- reasume, moderniza y trata de proyectar los viejos principios del liberalismo de Adam Smith, revitalizados en los años ’80 por la "escuela de Chicago" que lideró el premio Nóbel de economía Milton Friedman. Para éste, el desarrollo económico depende sobre todo de la consistencia y movilidad de la masa monetaria.

Por eso, el sello del sistema es hoy la trasnacionalización de los grandes capitales, cuyo poder ha superado ampliamente al de los estados. Este verdadero "superídolo" ha llegado a ser más importante que la propia superpotencia y sus aliados empeñados en establecer su reino. Se sostiene que si éstos llegaran hipotéticamente a colapsar, el sistema perduraría bajo otras banderas.

Es que los grandes beneficiados por él son grupos relativamente pequeños, pero muy poderosos, de consorcios trasnacionales en los que se ha concentrado la riqueza mundial como jamás en la historia, mientras un 60% de la población mundial -más de 3.000 millones de personas- vive en la pobreza, y unos 1.300 millones subsisten con menos de un dólar promedio al día. Entre tanto la potencia imperial hegemónica ha aumentado al doble su presupuesto militar en los últimos dos años, y sus actuales 450.000 millones de dólares superan al de las siguientes 7 potencias militares juntas.

El sistema globalizador neoliberal de hoy no genera ya una "explotación" de grandes masas humanas como antaño, sino la exclusión total de una gran parte de la humanidad, que debido a este sistema perverso simplemente no cuenta; es como si no existiera. Más de 1.000 millones de personas están en vías de extinción por el hambre; el sistema no se conmueve, porque en definitiva la disminución de las bocas lo beneficia. Los altos índices de desnutrición, sida, pestes, e incluso decenas de guerras que diezman al Tercer Mundo son, a lo menos, funcionales al sistema.

A la vez, el neoliberalismo globalizador, en su salvaje búsqueda del lucro a toda costa, ha depredado a mansalva las riquezas naturales de nuestros países, cuyos ecosistemas están sufriendo ya tal agotamiento, distorsión y contaminación que amenazan seriamente la supervivencia de la humanidad a un plazo no lejano.

Nada parece detener a este sistema inmisericorde. Para él, son dogmas la libertad soberana del individuo para construir su destino según su capacidad y desplazando a los menos capaces; el libre mercado, como supremo regulador de la economía; la competitividad, como base de la asignación de recursos; la mínima intervención posible del Estado en la economía, y la mayor desregulación factible en las leyes laborales, de modo que el trabajo del ser humano sea sólo un factor más del proceso productivo al que se remunere, según la sacrosanta ley de la oferta y la demanda, en función sólo de la competitividad de la empresa.

1.1.3.- La opción del control militar

El 11 de septiembre de 2001 fue tan oportuno para USA que crecen fundadas sospechas de haber sido "consentido" por ellos mismos. De hecho, les permitió sustituir la diplomacia por el uso unilateral de la fuerza y mostrarse de una vez como los dueños del mundo.

USA ha humillado así a las Naciones Unidas sin escrúpulo alguno; se ha negado a suscribir cruciales tratados internacionales que no la favorecen; presiona o soborna abiertamente a los países renuentes a apoyarla; ha desconocido la nueva Corte Penal Internacional, y mediante el chantaje busca por anticipado la impunidad de sus soldados que cometan crímenes de guerra.

La superpotencia imperial persigue en forma preferente un plan de control continental "desde Alaska a Tierra del Fuego", según confesión de George Bush padre. Lo confirman diversos analistas que han alertado sobre una operación geoestratégica destinada a recolonizar América latina y en especial la región andino-amazónica, una vez que los EE UU consoliden su situación en Oriente.

Entre tanto, USA ha definido los que considera "peligros" que la acechan por parte de Latinoamérica. Entre ellos, la creciente ola de rechazo al neoliberalismo; las que ella llama "guerrillas narcoterroristas de Colombia"; nuestro todavía alto crecimiento demográfico; la creciente destrucción de la Amazonia, la ingobernabilidad y crisis profundas de algunos de nuestros países, y otros problemas que se sumarían a los que arrastran los propios EE UU.

Entre las estrategias para controlar al continente, una de las primordiales es el ALCA –Área de Libre Comercio de las Américas– , que entre sus objetivos de fondo no declarados pretende garantizar a USA el acceso a los recursos estratégicos del hemisferio; aprovechar los llamados Megaproyectos Estratégicos de integración: la Gran Red Intermodal de Transporte, el Sistema Energético Integrado y el de Telecomunicaciones. Además, busca construir un canal alternativo al de Panamá y controlar la gran red fluvial suramericana desde el Orinoco hasta el Plata, cuando el agua se proyecta como uno de los recursos más escasos del futuro.

Mediante lo que fue originalmente el Plan Colombia, ideado por USA y que luego se ha extendido como "Iniciativa Regional Andina", Norteamérica proyecta el control militar de todo el continente mediante una red de bases cuyo centro es Manta, en el Ecuador, situada a espaldas de la llamada "Bolsa petrolera de las Cinco Fronteras" y enlazada con otras tantas bases en Curazao, Costa Rica, Honduras, más otras tres en Colombia. Pretende usar también otras en Perú y Brasil, y ya tiene permiso para instalar otra más, ahora en la Patagonia argentina, con el pretexto de "estudiar usos pacíficos de la energía atómica".

1.1.4.- La maquinaria de control mental

Para afianzar toda esta colosal maquinaria de poder escondiendo ante su propio pueblo y el resto del mundo sus verdaderos objetivos, USA ha consolidado una concentración nunca antes vista de sus propios medios de comunicación, sobre los cuales opera desde la cúspide del poder político y militar un control de la información y un falseamiento sistemático de la verdad que han quedado plenamente de manifiesto durante la guerra de Irak. La globalización no sólo de este sistema desinformador, sino también de un modelo cultural único abiertamente alienante y atentatorio contra la identidad de los pueblos, trata de desplazar y suplantar sus propias culturas con miras a lograr en el campo crucial del discernimiento un apoyo de corte fascista al control imperial hegemónico.

Mientras tanto, en cada uno de nuestros países latinoamericanos, asistimos a una congruente concentración de los medios de comunicación en manos de los grandes capitales económico-financieros, abiertamente funcionales al sistema globalizador neoliberal y decididos a controlar la información pública de acuerdo a sus intereses, a desvirtuar la generación de una correcta opinión pública, y a implantar aquella cultura global alienante, panegirista del sistema hegemónico y exterminadora de las propias culturas.

1.1.5.- Grandes cambios en las formas de vida

El mundo complejo en que hoy vivimos ha producido cambios profundos en las formas de vida personales y sociales.

Ante la incertidumbre y el riesgo que implica un sistema donde las grandes seguridades del pasado se han diluido, la reacción de las personas suele ser la búsqueda de lo inmediato, de la satisfacción "aquí y ahora". La "sociedad de consumo" alimenta esta tendencia manteniendo encendido el deseo de adquirir más y más; creando necesidades artificiales y procurando convencer a todos de que cada cual puede escoger y comprar lo que se le ofrece como garantía del éxito.

En la esfera de la vida privada, la máquina publicitaria del sistema difunde una mentalidad según la cual cada uno debe sentirse dueño absoluto de sus decisiones y aceptar cada vez menos las orientaciones de la sociedad, incluso los imperativos éticos más elementales. Esto ha llevado a un creciente permisivismo y a un ambiente de sensualidad y erotización en que las personas llegan a ser consideradas meros objetos de placer y a ser utilizadas –en especial la mujer- como grandes instrumentos publicitarios del consumo.

La sociedad contemporánea ha debilitado, y a veces eliminado, las comunidades tradicionales. El paso en nuestra Latinoamérica de una sociedad de predominio agrario a una industrial, provocó en las últimas décadas una rápida urbanización que ha desembocado en el surgimiento de "megalópolis" con graves problemas y desafíos propios, presionadas cada vez más por fuertes migraciones desde el campo y las periferias. La violencia y la criminalidad suelen crear en ellas un clima de miedo e inseguridad que tiende a aislar a las personas y familias más desprotegidas. Sin embargo, la enorme expansión de las comunicaciones sociales vuelve por otro lado al individuo menos dependiente de su propio territorio. A través de variadas actividades se conecta con numerosas redes de contacto que, sobre todo mediante el revolucionario avance de la comunicación cibernética, cubren el mundo entero. El individuo aumenta así las posibilidades de definir personal y libremente su propio destino, y no ya en función de la autoridad y las tradiciones familiares u otras.

1.1.6.- El desencanto de las democracias

No se puede dejar de mencionar en este recuento el trágico desencanto de muchos de nuestros pueblos latinoamericanos respecto de sus actuales democracias. La reinstauración que en ellas se esperaba de los derechos personales y sociales tras las feroces dictaduras que los dominaron a sangre y fuego entre los años ’70 y ’80, ha desembocado en no pocas frustraciones que han terminado por disminuir el apoyo e interés por el sistema democrático mismo a niveles fuertemente preocupantes.

A ello han contribuido hechos tan dolorosos como la impunidad de los crímenes de lesa humanidad cometidos por las pasadas dictaduras, la permanencia y consolidación de las injusticias sociales y violaciones de los derechos humanos, y de un modo especial los escandalosos hechos de corrupción en el manejo estatal que han provocado conmoción pública en buena parte de nuestros países.

1.1.7.- No todo es oscuro

Frente a este preocupante panorama surgen, no obstante, hechos positivos que alientan la esperanza. Entre ellos cabe mencionar:

*Los Foros Mundiales contra la globalización neoliberal, el último de los cuales reunió este año en Porto Alegre, Brasil, a más de 100.000 personas y 5.717 organizaciones de 156 países;

*El fortalecimiento de los movimientos pro derechos humanos, la vigencia que mantienen los organismos internacionales del ramo, la persecución internacional de los culpables de crímenes de lesa humanidad, la creación de la Corte Internacional de Justicia, y la positiva acción de Amnistía Internacional.

*Los diversos movimientos de resistencia contra el sistema, sobre todo los que sustentan en el continente las luchas de los indígenas, de los afroamericanos, de "los sin tierra", de los obreros, de los sindicalistas, de la mujer, de los medioambientalistas y otros.

*La positiva apertura social hacia la interculturalidad;

*El valioso aporte que entregan a las organizaciones y causas populares diversas ONG.

 

1.2. Aspecto religioso

Un aspecto que caracteriza al ser humano es su ser religioso. Desde tiempos ancestrales las personas siempre han tratado de entrar en contacto con una realidad que les trasciende, creando divinidades. La religión (religare= volver a unir, o volver atar) ha tratado de cumplir esta misión. La religión se ha esforzado por dar una explicación ultima a la misma existencia humana. En el proceso de relación, de Dios con las personas, la religión poco a poco ha desarrollado ritos, que intentan explicar realidades que están afuera del alcance de los individuos. Una vez que dichos ritos se "domestican" o son familiares a las personas, estas tratan de institucionalizar a la misma religión.

Uno de los grandes retos que tenemos los seres humanos del siglo XXI es la crisis de las religiones, no de la espiritualidad (tenemos que ser muy claros en esto), las religiones como instituciones no han sabido responder a las necesidades espirituales de las personas. Tal parece que las religiones han cumplido y agotado su papel de ser el puente entre Dios y la humanidad. Por tal motivo, hombres y mujeres buscan una nueva manera de entrar en relación con ese Ser Superior. Las personas por lo general no niegan su ser espiritual, pero sí cuestionan fuertemente a las religiones "institucionalizadas." En los países del Primer Mundo los pocos jóvenes que intentan mantener algunos valores religiosos, nutren su espiritualidad en lo que ha venido llamarse the New Age. Así encontramos personas de diferentes tradiciones religiosas que se confiesan creyentes de Dios, pero sin querer saber nada de la religiones institucionales.

¿Qué ha pasado con la religión? ¿Por qué esta crisis? Quizás no tengamos la respuesta acertada a tan complejo problema, pero lo que sí sabemos, es que miles de gentes muestran no sólo rechazo a lo que huele a institución religiosa, sino una total aversión a las religiones dominantes. En Israel, por ejemplo, la mayoría de los judíos jóvenes (por tradición) se consideran no religiosos. A menudo escuchamos que en Europa son frecuente las Iglesias que son usadas como museos o centros culturales. En Estados Unidos algunas iglesias son ahora centros nocturnos o discotecas. Es evidente que las religiones como institución están sufriendo una de sus peores crisis.

1.2.1. Crisis religiosa en la iglesia católica romana

La tradición católica romana no es la excepción a la crisis religiosa que estamos viviendo. Crisis es una palabra que ha acompañando a la Iglesia desde sus más humildes orígenes. Jesús aparece en Galilea, curando enfermos, comiendo con personas no deseadas, expulsando demonios, y hablando con gran pasión del "reinado de Dios" entre las personas. Después de su muerte y resurrección, los hombres y las mujeres que creyeron en Jesús como el Mesías, comienzan a experimentar una de sus muchas crisis, al tener que articular su fe de una manera distinta en el Resucitado. Jesús, el mensajero de Dios, se convierte en el centro del mensaje para la nueva comunidad de creyentes. A esta primer crisis le surgirán otras más, como son, el contacto con los paganos y sus religiones esotéricas, las divisiones dentro de la misma comunidad, y los continuos ataques por parte de las culturas dominantes. Tal parece que la iglesia como institución, ha salido de sus crisis, porque ha "sabido" reinterpretar y articular su fe y doctrina de acuerdo a las necesidades históricas y culturales de la comunidad.

Hoy la crisis que la iglesia católica romana está viviendo exige y demanda unas respuestas inmediatas, si quiere seguir siendo la portadora de las "buenas noticias" de parte de Dios. Con gran tristeza nosotros somos testigos que la Iglesia en vez de ser creativa, audaz, abierta en buscar nuevas formas de articular el mensaje de Jesús, se queda anclada, estancada, repitiendo viejos moldes que no corresponden con la realidad que estamos viviendo.

1.2.2. Involución de la iglesia

El ser humano cuando se siente vulnerable, amenazado y cuestionado, recurre como tendencia natural a lo que le proporcione, seguridad y estabilidad emocional. El pueblo de Israel, por ejemplo, una vez que ha experimentado los primeros brotes de liberación, y se adentra al desconocido desierto, comienza su crisis existencial, y no solo añora, sino que exige volver a Egipto, no importa que esto implique ser esclavo del faraón y su sistema de muerte (Ex 16,3).

Nosotros somos testigos, cómo dentro de nuestra misma tradición, en vez de ver una Iglesia que marche con su pueblo, vemos una iglesia temerosa que retrocede buscando aquello que le pueda dar o proporcionar "seguridad" y no importa si dicha seguridad implica volver al pasado. En este contexto podemos hablar de una involución en muchos aspectos. Por ejemplo, en varias partes del mundo tal parece que el Vaticano II nunca existió. Otros ignoran deliberadamente documentos tan importantes como son; Medellín, Puebla y Santo Domingo.

1.2.3. ¿Una Iglesia que siempre vela por la fe o una Iglesia que tiene miedo a crecer?

En el actual Pontificado, uno de los más largos de la historia, podemos observar cual es la línea teológica y pastoral referente a la misión. Tal parece que seguimos obstinados por mantener una idea de iglesia de tinte conservador. No es que el ser conservador sea malo en sí; creemos que cada persona tiene derecho a expresar su fe desde sus convicciones; lo malo es cuando la Iglesia trata de normar una sola expresión de ser cristianos (conservador), "satanizando" y condenando a las personas que buscan una nueva manera de relacionarse con el Dios de la Vida. Nosotros constatamos la promoción y protección, por parte de la Jerarquía eclesial, de nuevos grupos "neo conservadores" que pugnan por mantener y presentar una Iglesia "pura" y "ortodoxa" en su doctrina (Opus Dei, Legionarios de Cristo, Focolares, Neocatecumenales, Carismáticos etc.). Al intentar normar y marcar pautas para todos los cristianos, lo único que consigue la Iglesia es callar y condenar a otras voces proféticas que existen dentro de la misma comunidad. Los nuevos obispos que son nombrados por la santa Sede van en la misma línea de seguir perpetuando una doctrina cristiana "libre de posibles errores dogmáticos".

1.2.4. Una iglesia jerárquica, patriarcal, androcéntrica y ahora kiriarcal

El Derecho Canónico nos dice categóricamente que la Iglesia no es democrática, y si no lo es, quiere decir que es una Iglesia jerárquica. Para establecer y "justificar" dicha eclesiología, la Iglesia ha recurrido a la tradición y a las Sagradas Escrituras. Desgraciadamente, la Iglesia olvida decirnos e informarnos que al inicio del Cristianismo no existía dicha jerarquizacion. Ignacio de Antioquía es uno de los primeros Padres Apostólicos que comienza a entender a la Iglesia de una manera jerárquica (y que por desgracia es la que hemos heredado). Ignacio ve en el Primado de Roma, a la iglesia Madre ("con Roma todo y sin Roma nada"). Pero antes de Ignacio de Antioquía, podríamos hablar de una iglesia horizontal, donde hombres y mujeres compartían diferentes ministerios, sin ser ninguno de los ministerios exclusivos de ciertos grupos.

Con la jerarquizacion de la Iglesia nos hemos empeñado en hacer una clara distinción entre el pueblo y el sacerdote instituido. Como consecuencia, el contacto real con la gente a la que intentamos servir se ve tremendamente afectado. La Iglesia en esta desproporcionada relación (sacerdote institucional vs pueblo de Dios) es vista con sospecha y muchas de las veces ya no es un signo creíble. El centralismo de la Iglesia, en la forma de administrar no sólo los bienes temporales sino espirituales, es quizás uno de los peligros más latentes que debemos evitar a toda costa. La frase que por años se ha mantenido como norma de fe y verdad eterna y que acompaña de facto el hacer pastoral de la Iglesia: "Extra Ecclesiam, nulla salus" (fuera de la iglesia no hay salvación) hoy en día es totalmente cuestionada. Las riquezas espirituales de otras tradiciones religiosas nos deben ayudar a ampliar nuestros horizontes en el campo de la fe.

1.2.5. Legitimación de la Iglesia de algunas injusticias contra algunas minorías

La iglesia se ha visto envuelta a través de los siglos legitimando todo tipo de injusticias, como fueron: la inquisición, las cruzadas, y la esclavitud. Recordemos que el Papa en nombre de la Iglesia ya ha pedido perdón por los daños que la Iglesia ha causado en el pasado. Pero esto no es suficiente; la Iglesia con su estructura jerárquica, androcéntrica y patriarcal, sigue legitimando y excluyendo a muchos grupos cristianos. ¿A quién le tocará pedir perdón por estos pecados que la iglesia está cometiendo? ¿Por qué pedir perdón cuando podemos evitarlos?

Uno de estos grupos que ha surgido reclamando su espacio físico y ministerial dentro de la iglesia , es el movimiento feminista. Dicho movimiento nos ha venido a iluminar que la iglesia patriarcal y androcéntrica sólo ha beneficiado a los hombres. No obstante, en el campo bíblico, el movimiento feminista ha aportado nuevas luces en la manera de acercarnos al texto sagrado. Con gran "sorpresa", hemos descubiertos "nuevos" rostros de mujeres profetisas, diaconisas y apóstoles que supieron servir al Dios de la Vida. Hoy nuestras hermanas, indias, campesinas, afroamericanas, y chicanas, encuentran un modelo en estas mujeres bíblicas, para seguir su lucha de igualdad y de equidad, aún dentro de la misma Iglesia.

Una de las grandes criticas que el movimiento feminista hace a la Iglesia, ya no es, el de ser patriarcal, androcéntrica o jerárquica, sino kiriarcal. El movimiento feminista ya no lucha por que se les "ordene" de sacerdotisas, como infantilmente se nos ha hecho creer, esto ya no tiene sentido. Su lucha y critica al sistema de la Iglesia es más profunda. Ahora ellas pelean y arguyen por un cambio radical en todas las estructuras de la Iglesia. Este cambio no debe excluir nunca mas a las mujeres de las decisiones y acciones de liderazgo de la Iglesia. Muchas de ellas han abandonado la Iglesia porque descubren lo imposible que es cambiar una estructura que por siglos ha beneficiado única y exclusivamente a los hombres. Otras, fieles a la anacrónica "tradición católica y romana", permanecen dentro del sistema como una forma de resistencia "desde dentro." Los que estamos llamados a tener una voz profética debemos hacer nuestra la causa de hermanas, abuelas, vírgenes y madres que siguen luchando por participar plenamente dentro de la comunidad.

Paul Ricoeur categóricamente ha afirmado: "que el texto bíblico no es lo más importante, sino la persona que lo reinterpretar". En este contexto, algunas feministas han enfatizado en su reinterpretación del texto bíblico, el lugar desde donde se lee. Es así que ha nacido otros grupos que enfatizan más su locación histórica y cultural, por ejemplo, la "teología mujerista" "teología negra", "teología india" y "teología asiática". Todos estos movimientos ponen de manifiesto que cuando se re-interpreta la Biblia, cada persona trae su propio historial, tanto económico, religioso, político y hasta sus propios prejuicios. Por tal motivo es importante impulsar la lectura de la Biblia desde la experiencia de los grupos marginados, porque es ahí donde el Espíritu de Dios ejerce su acción liberadora.

Desde hace unas tres décadas, las minorías sexuales hacen su aparición en la plataforma teológica. Este grupo siguiendo los pasos de las feministas afirman que es anacrónico tratar de encontrar en los textos bíblicos la condenación a las relaciones homosexuales. Debemos de estar atentos a los aportes teológicos de este grupo, "Queer Theology", porque tienen todo un método y una hermenéutica que nos puede ayudar a nuestras espiritualidades, y sobre todo en una comprensión positiva de la sexualidad humana.

1.2.6. Fundamentalismo religioso

El fundamentalismo religioso, vigente en pleno siglo XXI, parece ser que nace de la necesidad del ser humano a sentirse protegido por el grupo o institución, a la cual han dado y sometido toda su confianza y libertad. La Iglesia Católica con gran beneplácito, ha visto cómo dichos grupos florecen con gran ímpetu y atraen a mucha gente fiel a la Tradición y al Magisterio. Dichas personas no cuestionan nada (lo que la madre Iglesia siempre agradece), lo aceptan todo, y no se complican su existencia preguntándose o soñando por una Iglesia diferente.

Las personas fundamentalistas suelen tener una postura negativa a la modernidad, al pluralismo religioso y al desarrollo. La postura fundamentalista abarca varios aspectos. En primer lugar, podemos hablar de una "reacción y oposición", a una postura que sea ajena a su doctrina o creencia religiosa. En segundo lugar, hay una obsesiva búsqueda a la "seguridad y certeza". Es casi imposible vivir en la incertidumbre de no "conocer" la verdad total de las cosas, por tal motivo, resulta más atractivo creer todo (fideísmo) sin cuestionar nada. En tercer lugar, los grupos fundamentalistas tienen una conciencia clara y certera, que su grupo "es el bueno" y por lógica, los demás son los "malos". Por ultimo, los grupos fundamentalistas al no entrar en dialogo (real) con otros grupos, y al sentirse atacados por gente que no piensa como su grupo, terminan echándose algunos enemigos en su contra. No es sorprenderte encontrar en nuestro ministerio, a familias divididas a causa de la religión. Familias que no se pueden sentar ni a la mesa debido a sus diferencias religiosas.

Uno de los grandes errores de los fundamentalistas es el rechazo total a las nuevas hermenéuticas y claves de lectura de la Biblia. La terrible sentencia que a menudo escuchamos es: "Está en la Biblia o la Biblia dice", dándole todo el valor moral a la Palabra de Dios, hasta convetir la Biblia en su propio dios. Muchas veces adoran al texto en vez del Gran Inspirador del mismo, cayendo en la "bibliolatria". Otros de los errores de los fundamentalistas son: inversión de valores o cambio de valores. La verdad como tal no existe, sólo existe su verdad y su experiencia de vida. La negación de la libertad de conciencias. Para este grupo está casi prohibido pensar; todos obedecen calladamente a los líderes.

1.2.7. Crisis de la vida religiosa

Como se reconoció en el último Sínodo sobre la vida consagrada, la Teología de la Vida Religiosa está en crisis, y tal vez sea por ello que "la actual figura histórica de la vida religiosa está reconocidamente agotada". "Hay algo indiscutible: si no somos los últimos religiosos, somos inexorablemente los últimos testimonios de un cierto modo de vivir la vida consagrada" (Tillard).

Los claretianos hemos aportado mucho a la renovación de la teología de la vida religiosa en el posconcilio, pero parece que nos hemos estancado a la hora de dar el salto a un nuevo paradigma de teología de la vida religiosa; más aún: parecemos asustados ante los desafíos de esos nuevos planteamientos teológicos. Aquí, sin embargo, no queremos principalmente abogar por una participación mayor nuestra en esta nueva aventura teológica al servicio de la vida consagrada, sino, sobre todo, por la apertura de nuestra comunidad claretiana a otro modo de entender la vida consagrada, que conlleva grandes implicaciones para nuestra identidad y nuestra misión.

No somos "sacerdotes religiosos", apóstoles "que viven en comunidad", sino personas radicales seducidas por una experiencia fundante original que, dentro de la gran corriente liminar de la historia, ofrecen a sus hermanos y hermanas el testimonio de la primacía absoluta de los valores más hondos. Debemos recuperar nuestra historia espiritual en la humanidad como personas radicales y liminares.

Sólo sobre este fundamento podrá asentarse con adecuado arraigo una teología del seguimiento de Jesús, y no como un capítulo nuevo y distinto, sino en la misma línea de la experiencia liminar de Jesús. Una teología de este tipo es incompatible con el aburguesamiento, la acomodación, el conformismo, la connivencia con el sistema, el silencio cómplice ante ese "pecado mayor de nuestro tiempo" y ante una Iglesia que de alguna manera lo legitime o no lo denuncie.

 

1.3. Realidad congregacional

1.3.1. Mirando nuestra historia

La Congregación nació en el ambiente de la restauración católica, ocurrida tras la Revolución Francesa, marcada por el centralismo romano de los Papas, deseosos de volver a los tiempos del "antiguo régimen", es decir, al tiempo de la unión entre trono y altar, papado y monarquía. Tiempo de una fuerte sacramentalización clerical y por la oposición a todo tipo de desarrollo moderno (prohibición de ferrocarriles, vacunas e iluminación eléctrica en Roma, etc.) en todas sus fases. Tiempo de Papas como Pío VII, Gregorio XVI y Pío IX y los desencuentros entre los intransigentes y liberales católicos. Tiempo de la condenación de los ‘errores modernos’ en el Syllabus de 1864. Tiempo de los procesos de liberación de las colonias latinoamericanas, dependientes de España y Portugal, proceso rechazado por la política vaticana, vinculada con los intereses ibéricos y sólo aceptado cuando el proceso ya estaba terminado en las distintas naciones latinoamericanas.

Obedientes a los obispos y al servicio de este modelo eclesial, los primeros misioneros claretianos han dedicado sus vidas, con grandes sacrificios y renuncias, a la predicación de la Palabra y de las enseñanzas de la Iglesia.

Tras un período de fuerte tendencia misionera, en la época de la muerte del P. José Xifré (+1899), vivimos un período de expansión y consolidación congregacional y el trabajo misionero empezó a ser más amplio (parroquias, colegios...); además del nombre de Misioneros Cordimarianos somos conocidos como Misioneros Claretianos; empezamos a entrar en el mundo de la preparación académica con los canonistas y profesores.

Tras el Concilio Vaticano II, en el espíritu de ‘aggiornamento’ eclesial, hubo una lectura de la identidad congregacional desde la teología del carisma. La Iglesia nos ha invitado a la renovación y la Congregación (1967) se abrió a una perspectiva más universal y con la MCH, (1979), bajo el influjo latinoamericano, ha sido invitada a acercarse al mundo de los pobres y marginados.

Actualmente estamos presentes en 64 naciones, en todos los continentes, somos más de 3100 claretianos. Tenemos distintos trabajos misioneros en las tantas realidades donde estamos: servicios parroquiales con las opciones pastorales (matrimonios, catequesis, enfermos, jóvenes, formación de seglares, etc.); enseñanza; formación de agentes de pastoral en Lectura Popular de la Biblia; iniciativas de diálogo ecuménico, interreligioso y intercultural; Medios de Comunicación Social; Misiones, etc...

En estos distintos frentes misioneros hay tantísimos retos y desafíos y necesitamos estar atentos al que nos exige el Espíritu y el pueblo de Dios en sus tantos modos de manifestarse en los medios católicos, cristianos y no cristianos. Se esperaba que consiguiéramos ser más misioneros que hombres ‘establecidos’, más evangelizadores que ‘funcionarios de parroquias’, más insertados y encarnados en las realidades de la humanidad que aburguesados y protegidos por estructuras esotéricas y herméticas...

Uno puede percibir que en distintos momentos de la vida congregacional hicimos distintas opciones misioneras y hemos tenido distintos ‘carismas’ que enriquecen nuestra historia. Tenemos el reto de reinventar nuestro carisma, desde las perspectivas del HOY.

 

1.3.2. Luces en el presente congregacional...

Creemos que aún tenemos mucho que hacer desde las propuestas de ‘aggiornamento’ a que nos ha invitado la Iglesia. Pero, no podemos negar que hubo intentos de cambio y pasos positivos que nos siguen dando esperanza. Todo el proceso de relectura de la nuestra identidad carismática desde los dinamismos fundacionales y de las exigencias del Espíritu en las ultimas décadas.

La Congregación entró en un proceso de búsqueda de proyectos comunes e iniciativas de renovación (encuentros de renovación, de Formadores [Escuela Corazón de María y el Plan General de Formación], de Hermanos, de enseñanza, de Justicia Paz e Integridad de la Creación, Familia Claretiana, áreas geográficas [Cicla, Nacla, Acla, Ascla, Cec]), valorando las distintas realidades culturales y antropológicas. Por otro lado, se está valorando mucho más el proceso de Formación Permanente, no obstante las resistencias.

El proceso de expansión congregacional se ha intensificado por razones desafiantes: falta de agentes pastorales seglares, falta de sacerdotes, regiones pobres, carentes y lejanas, regiones violentas, regiones laicizadas y altamente tecnologizadas, etc., sabiendo que muchas de esas necesidades pastorales significan el sacrificio del ideal misionero y sacrificios de muchos Organismos y personas.

Hubo iniciativas evangelizadoras en distintas posiciones y podemos decir que estamos presentes en tantos frentes desafiantes. En los distintos Organismos se buscó la capacitación de las personas para las distintas opciones pastorales.

Muchos Claretianos se han sensibilizado por el mundo de los pobres y marginados y, parcial o integralmente, consagran su vida y ministerio misionero a servicio de los tantos excluidos, violentados y eliminados por el sistema neoliberal.

Hemos tenido un intento de proceso de revisión qué solo lo sometieron a consideración pocas personas y, consecuentemente, pocos Organismos.

Muy positivo han sido los intentos de colaboración congregacional e interprovinciales.

 

 

1.3.3. Sombras en el presente congregacional...

En las últimas décadas, asistimos al crecimiento de una cierta parroquialización, de las pastorales de mantenimiento, de una acomodación y aburguesamiento de muchos Claretianos, todo eso en detrimento del espíritu profético y misionero.

¿Qué está pasando con los Misioneros Claretianos?

Estamos ciertos que está pasando, con muchos Claretianos y en muchos Organismos, que en función de un creciente proceso de pérdida del espíritu profético misionero, se van anquilosando en iniciativas personales, comunitarias y organizacionales menos comprometidas con el REINO, el mundo, la realidad de los pobres, marginados y excluidos.

Por otro lado sabemos que esta pérdida del espíritu profético es provocada por una serie de actitudes influidas por el llamado estilo neoliberal y posmoderno que produce personas y comunidades frágiles, consumistas, imediatistas, acomodadas y sin espíritu crítico ante los sistemas productores de la muerte y de la violencia, signos del anti-Reino.

Desde ahí, fruto de ese medio ambiente, muchos Claretianos asumen una postura aburguesada, individualista, insensible a los reclamos y sufrimiento de los pueblos y indisponible para asumir compromisos que demanden y exigen sacrificios, radicalidad, riesgo y perdida de privilegios. Nos preocupa el gran número de Claretianos que, desenfocados y desubicados espiritual y carismáticamente, viven bajo otras espiritualidades y movimientos (focolarinos, renovación carismática, neocatecumenales, comunión y liberación, etc.).

Esa misma falta de espíritu crítico, que lleva a muchos Claretianos al servilismo ante los sistemas políticos, económicos y sociales, ha producido también un servilismo ante la Iglesia y su jerarquía. Servimos más a las estructuras eclesiásticas que al Reino, más a sus autoridades que al pueblo.

¿Será eso causado por la mitificación de la persona del P. Claret, nuestro fundador? ¿Un hombre de una disponibilidad especial, pero de un servilismo eclesial y político cuestionable? ¿La figura de un hombre muy caritativo, pero de una caridad asistencial y poco profética y con falta de espíritu crítico frente al sistema eclesial y político que no ha sido capaz de proponer cambios de estructuras? Sí, un hombre disponible, caritativo, misionero, articulador de iniciativas, fruto del espíritu y condicionantes eclesiásticos restauracionistas de su tiempo.

Mirando muchas de nuestras opciones, percibimos que ellas son escogidas ante los reclamos de una pastoral clericalista y sacramentalista y no ante los reclamos de los pobres y marginados. Basta decir que no son muchos los Claretianos que trabajan en el campo de los derechos humanos y JPIC, con el diálogo con la religiosidad popular, con las distintas culturas (indígena, afroamericana, africana, asiática...), con los grupos armados y de resistencia, con los encarcelados, con los sin-techos y sin-tierras, con las pastorales urbanas desafiadoras, etc. Faltan Claretianos que valoren más los ministerios laicales y la presencia activa de la mujer en las estructuras eclesiásticas. Y los que están no encuentran apoyo entre nosotros mismos.

Ciertamente, muchas de las actitudes y posturas ambiguas tienen su fundamento en debilidades personales, pero carecemos de proyectos creativos y actualizados que sean verdaderamente proféticos y misioneros. Muchos Organismos no tienen dichos proyectos y si los tienen, no son asumidos y ejecutados o falta el compromiso de las personas.

Desde ahí sentimos que aún no hemos sido capaces de proponer y concretar un organizado y articulado proceso de revisión de posiciones, que nos comprometa más adecuadamente con el Reino y con el mundo de los pequeños y pobres. Un proceso que nos haga menos provincianos y más universales. Un proceso que nos torne menos centralizados y más abiertos a la delegación. Un proceso que nos haga denunciar los pecados e injusticias del mundo neoliberal. Un proceso que nos haga más atentos a los nuevos areópagos del mundo contemporáneo y en situaciones de ‘liminaridad’.

Hoy se cuestionan mucho las estructuras de Formación, a los jóvenes misioneros (salidas, falta de encanto misionero, falta de disponibilidad, aburguesamiento...), producto de una sociedad-cultura frágil y enfermiza. Necesitamos unos procesos formativos más insertados, abiertos, comprometidos y menos paternalistas y acomodados. Necesitamos favorecer procesos de cercanía a la gente y sus problemas. Necesitamos replantear nuestros proyectos personales, comunitarios y congregacionales.

Los formandos, muchas veces, carecen de modelos referenciales entre los que ya estamos integrados en la vida claretiana y en el proceso de trabajo misionero.

¿Cómo tendrán los formandos opciones claras y proféticas si los Organismos no las tienen? ¿Cómo podrán ellos optar por frentes comprometidos y arriesgados si los Organismos optaran por los frentes más acomodados y sistémicos?

Sentimos que además de estos límites, hay que buscar superar los restos de una espiritualidad desencarnada y desubicada. Tenemos aún una visión muy vertical, clerical, poco abierta a lo humano.

 

2. VALORACION – ILUMINACION TEOLÓGICA

 

2.1. Valoración ética del Neoliberalismo

2.1.1. Destrucción de la Ecología

El sistema neoliberal que domina el mundo de manera irracional y mortífera, está produciendo efectos devastadores sobre la madre tierra, fundamento y sustento de toda vida. Está consumiendo recursos y fuentes energéticas vitales para el futuro de la vida, contaminando el aire y las aguas, las tierras y la cadena entera de la vida que depende de estos elementos; deforestando miles de hectáreas boscosas, desertizando tierras y recalentando el medio ambiente con el efecto invernadero y produciendo lluvias ácidas, sequías e inundaciones frecuentes y anormales.

Se está horadando la capa de ozono que protege la vida terrestre del riesgo de los rayos infrarrojos; haciendo desaparecer miles de especies biológicas de plantas y animales cada año; manipulando los alimentos, plantas y animales con inventos que no sabemos a donde nos van a llevar, incluida la manipulación del propio ser humano por la clonación, control del genoma humano, etc.

A esto se le llama progreso científico-técnico, y culmina en la irracional producción y mantenimiento de arsenales de armas de destrucción atómica, capaces de producir el invierno nuclear. Se ha pretendido justificar toda esta situación como cumplimiento de la tarea encomendada por Dios al hombre de dominar la creación y someterla bajo sus pies (Gn 1,26.28 y Sal 8,7), cuando el relato bíblico entiende al ser humano como "terreno", nacido y destinado a la tierra, y encargado de promover y sustentar la vida de todo el sistema ecológico.

2.1.2. Despojo y acaparamiento

Este dominio destructor de la madre naturaleza lo ejercen un grupo de individuos sobre el resto de la humanidad, pues son los que controlan las altas tecnologías, acaparan y controlan los recursos y las fuentes energéticas decisivas, los productos más necesarios y mejores, despojando a pueblos y naciones enteras de unas posibilidades mínimas de subsistencia.

Es inhumano y radicalmente injusto que apenas un 20% de la humanidad controle y consuma mas del 80% de los recursos energéticos del mundo; y que apenas el 6 % controle más del 50 % de la riqueza mundial. Esos mismos son los que contribuyen en un 70% al deterioro del medio ambiente y la contaminación atmosférica. Controlan la producción y el comercio de la mayor parte de bienes y servicios, especialmente los más avanzados, y sobre todo controlan la investigación y el financiamiento, con el capital acumulado y hasta la mera especulación y fuga de capitales, hoy casi inevitable. Porque el dios dinero es el único que está de veras globalizado a tiempo real, y no tiene ubicación fija.

La deuda e(x)terna de muchas naciones sofoca las posibilidades de desarrollo efectivo de la economía y sobre todo impide la atención a las necesidades básicas de salud, educación, etc, de las mayorías pobres. Es una descapitalización endémica de los países deudores y una importación de capital bajo intereses usureros, ilegítima e injusta por inhumana. El número de pobres representa más del 60% de la humanidad, y dentro de ella los que sufren literalmente de hambre y desnutrición conforman un 50% de la misma. Se trata simple y llanamente de un despojo de los pobres de parte de los ricos, de un robo legalizado pero injusto, ilegítimo y antiético, por inhumano y mortífero.

2.1.3. Muerte por hambre o violencia

El resultado final de este sistema es el hambre generalizada de millones de seres humanos, la desnutrición y mortalidad infantil, las hambrunas y enfermedades endémicas de pobres, la muerte por hambre de miles de seres humanos, en un mundo que produce de sobra alimentos en el llamado primer mundo y despilfarra y derrocha en mil pseudonecesidades, cantidades enormes de productos y medios económicos.

Para mantener ese nivel de vida, que se llama progreso y desarrollo, sociedad del bienestar y democracia occidental y "cristiana", se hacen leyes, se crean instituciones y sobre todo se producen armas y mantienen ejércitos con la tecnología más de punta para defender y expandir el poderío del imperio hegemónico del capital neoliberal.

La producción y venta de armas es uno de los mayores negocios del mundo; para ello se fomentan conflictos y guerras locales y regionales, y se negocia con todo tipo de grupo conflictivo, para lograr fines ulteriores inconfesados y hasta claramente programados en la cabeza del imperio.

Planes como el control del "eje del mal" o el mismo ALCA, no son sino dos de las versiones de este afán de control y dominio, tanto de las fuentes de energía y recursos naturales como del poderío militar sobre el mundo.

Se provocan y justifican incluso las "guerras preventivas", se saltan todas las leyes y convenios internacionales, se niegan a firmar acuerdos como el logrado sobre las minas unipersonales, y se legitiman con el eufemismo de "daños colaterales" los efectos mortales sobre la población civil, que en todos los últimos conflictos armados es quien pone la inmensa mayoría de las víctimas. Todo esto supone una capacidad de manipulación de la opinión pública y explica el afán de controlar en lo posible los medios de comunicación social a nivel mundial, por medio de las grandes cadenas y el poder económico y financiero que mueve todos los hilos del sistema.

2.1.4. Encubrimiento y mentira

Detrás o delante de ese robo y despojo globalizados, y de esas muertes por hambre o por violencia, provocadas por el sistema, se tiende una cortina de palabras e informaciones o desinformaciones que tergiversan u ocultan la realidad, o que justifican las acciones de acaparamiento y de violencia que el imperio neoliberal lleva a cabo.

Más allá del ocultamiento o la tergiversación manipuladora de la información, está la justificación ideológica del sistema mismo, que se pretende definitivo, imparable e irreversible, "fin de la historia" y de todas las falsas utopías, entre las que incluye el Reino, si es que no pretende identificarse con él (como en el caso del "destino manifiesto" de USA, la teología neoliberal de Novack, etc). Entre las grandes mentiras del sistema está la afirmación de las bondades igualitarias del libre mercado, cuando la desigualdad de partida condiciona todos los pasos ulteriores antes de que se inicien, y se mantiene luego imposibilitando cualquier igualdad real de condiciones.

Otra mentira es la culpabilización de los pobres por causa de su superpoblación, de su corrupción o su incapacidad. La verdad es que la autonomía absoluta del individuo que promueve y su sed de lucro insaciable, que propicia el que se haga cuanto sea posible o deseable para tal fin, fomenta un mundo de competitividad y eficacia como el fin del ser humano; sin reparar siquiera en los efectos mortíferos para la vida humana y para las mismas bases comunes ecológicas ya para el presente y más para el futuro inmediato de la humanidad.

La lucha es exitosa en gran parte por el control mundial de los medios de comunicación masiva, desde las empresas informativas hasta los canales de TV y las señales satelitales. El supercontrol de todas las comunicaciones, incluso de secretos militares y comerciales por los sistemas más sofisticados de espionaje, forman parte de este afán de encubrimiento y mentira que necesita el sistema inhumano y mortífero para presentar una cara favorable ante sus servidores y hasta sus víctimas. Controlan también por medio de la seducción y entretenimiento con cualquier tipo de basura a los mismas víctimas del sistema.

Cuando algunos medios o personas concretas se desmarcan del sistema y descubren alguna parte de su realidad o atacan su base ideológica y sus mentiras, a veces ya tan descaradas, el sistema no duda en comprar su silencio o hacerlos desaparecer violentamente. Hoy día domina el mundo comunicacional una nueva forma de encubrimiento ideológico, que se cree con derecho a calificar de terrorismo - y actuar en consecuencia- a los grupos y personas, países y hasta escritos e ideas que no acaten su cosmovisión ideológica y su pretensión hegemónica mundial, aunque se presente como defensa de la democracia, de la libertad y hasta de la cultura occidental y cristiana.

2.1.5. Nuestra complicidad con el sistema

Hay que reconocer dolorosa y humildemente la complicidad del mundo cristiano en la creación y mantenimiento de este sistema de dominación, exclusión y muerte de las otras partes de la humanidad; pero hay que mostrar en obras y palabras que no es esa la esencia de la Causa de Jesús, ni del Reino de Dios y su economía de salvación universal. Para ello no basta con investigaciones históricas sobre el pasado, que logren explicar y hasta justificar los limites y los errores de nuestros antepasados; y tampoco basta con reconocer su falibilidad y pecado como responsables o, al menos, corresponsables de esas ideas y actitudes que fueron concordes con el desarrollo del sistema capitalista que es la raíz permanente del actual neoliberalismo imperial.

Todo eso es tal vez necesario, pero hay que reconocer entonces que formamos parte también del sistema, como su cobertura ideológica y su justificación moral y religiosa a los ojos de muchos; y que, por lo mismo, sus crímenes y muertes, su fracaso humanitario y ecológico lo son también de nuestra lectura normal de la tradición judeo-cristiana y eclesial hasta hoy.

Necesitamos urgentemente releer nuestra tradición judeo-cristiana, la bíblica y la institucional para notar las falsas pistas, las omisiones y las tergiversaciones que han dado paso en la historia a la insensibilidad ante esta cara negativa del desarrollo del mundo "cristiano"; desde la constantinización hasta la condena abierta de la modernidad, pasando por las cruzadas, inquisiciones, conquista americana, guerras de religión, alianza trono y altar, oposición frontal a la democracia, la libertad de la modernidad, las justas reivindicaciones obreras, etc. Cosa que apenas empezó a superarse con el Concilio Vaticano II y más concretamente en Medellín y toda la corriente de teología de la liberación.

El Concilio fue apenas una reconciliación, demasiado optimista, de la Iglesia con el mundo occidental; y que, si bien en Medellín se abrió al problema de fondo de la injusticia estructural del sistema de muerte que domina nuestro continente y aún el mundo entero, no se tenían apenas en cuenta los pueblos y culturas multiseculares de Asia y África, e incluso el pasado indígena y africano de nuestra realidad continental. Nos toca abrirnos profundamente a esta relectura de toda nuestra tradición cristiana en dialogo y convivencia fraterna con las otras culturas y religiones que cubren más de dos tercios de la humanidad. Una base común para este diálogo y convivencia bien puede ser la condena unánime del sistema de muerte que pretende dominar este mundo.

La denuncia ética, humanística y hasta ecológica del neoliberalismo como el mal mayor del momento histórico y la raíz de casi todos los otros males del mundo. Más cristianamente hablando, la calificación del sistema neoliberal como el pecado mayor de la figura de este mundo, como la encarnación primordial del antirreino que tenemos que combatir como el anticristo que se opone al sueño de Dios sobre la humanidad.

2.2. Valoración e iluminación del aspecto religioso

2.2.1. Pluralismo religioso

Entendemos que el Reino es el proyecto de Dios para toda la humanidad. A él se encaminan las ansias humanas y los esfuerzos de los hombres y mujeres de buena voluntad de todos los tiempos y latitudes. Ya antes y fuera de la revelación bíblica todos los seres humanos son amados por Dios, y hechos destinatarios de sus dones, su verdad, la vida en plenitud.

La Sagrada Escritura hace preceder la historia de Abrahán, primer epónimo del pueblo de Israel, por los once capítulos de la Historia de los Orígenes. En ellos se subraya que el ser humano como tal es la culminación de la obra de Dios, que hombre y mujer por igual son su imagen y semejanza, y que ni siquiera el pecado es capaz de anular tal dignidad (Gn 5,1-3).

La redacción sacerdotal del Pentateuco (P) habla de Dios, en ese contexto, usando siempre el término de "Elohim" (Dios), mientras "Yavé" usa el nombre con que Israel le conocerá mucho más tarde: "Dios" es el Dios de todos, "Yavé" es el Dios de Israel. Dios sigue de cerca los primeros pasos de la humanidad, con sus errores y tragedias, y no deja de intervenir para que el ser humano no sea víctima de su propia locura. La tradición judía subraya la importancia de la alianza hecha con Noé al final del Diluvio, y que afecta a toda la humanidad, al lado de la alianza sinaítica, celebrada después con el pueblo de Israel. Todos esos hijos de Dios no israelitas siguieron ciertamente sus caminos, paralelos al del pueblo de Israel, pero nada podía impedir que Dios mantuviera sus ojos puestos no sólo en Israel, sino también en el resto de los pueblos.

En esto no hay distinción entre la tradición bíblica sacerdotal y la profética. Tal vez nosotros podamos crear un estereotipo de "lo" profético y "lo" sacerdotal, pero la teología bíblica no siempre confirma esas abstracciones. Lo sacerdotal, como hemos visto, no se identifica simplemente con lo cúltico y ritual. El Código sacerdotal (o "Código de Santidad") es precisamente quien prescribe amar al prójimo como a sí mismo y aplica el mismo principio a la manera de tratar al extranjero (Lv 19, 18 y 34).

Por su parte los profetas, aunque dedican sus mayores esfuerzos a inculcar la Alianza de Israel denunciando sus injusticias y pecados, no dejan de denunciar también los pecados de las naciones, mostrando que Dios es Señor de toda la tierra, y en su día juzgará a todos los pueblos. "Porque Él es quien forma los montes y crea el viento, quien descubre al ser humano su pensamiento" (Am 4,3). Amós incluso relativiza los privilegios de Israel frente a los otros pueblos: tanto es verdad que Dios sacó a Israel de Egipto, como que sacó a los filisteos de Caftor y a los arameos de Quir (Am 9,7).

El libro de Jonás muestra igualmente el interés de Dios por los habitantes de Nínive y su actitud para con ellos de comprensión y misericordia: "Y yo no voy a compadecerme de Nínive, la metrópoli donde viven más de 120.000 personas que no distinguen la derecha de la izquierda, y una gran cantidad de animales?" (Jon 4,11). Malaquías, tal vez el último de los profetas en orden cronológico, recrimina a Israel su infidelidad, comparándolo desfavorablemente con el resto del mundo: en todas partes, de Oriente a Occidente, se ofrecen al Señor sacrificios puros, mientras Israel profana el nombre del Señor (Ml 1,11s).

El mismo Jesús describe gráficamente cómo todos los pueblos serán convocados ante el Juez universal, y el criterio utilizado no será el pertenecer a tal pueblo, raza o religión, sino el haber dado pan al hambriento y vestido al desnudo (Mt 25,31-46). La sorpresa de justos e injustos ante tal veredicto es en realidad nuestra propia sorpresa al constatar que no es la estructura religiosa, sino la respuesta concreta ante la necesidad ajena lo que recibe la aprobación de Dios. Ahí es donde quiere llegar el Reino anunciado por Jesús: el Reino donde no haya hambrientos, sedientos, desnudos, extranjeros, marginados, desamparados, porque el amor habrá echado abajo las barreras, colmado las distancias, vencido las resistencias, dado a todos acceso a la verdadera vida.

El Reino tiene la dimensión de Dios, y a Dios se dirige no sólo un camino, sino muchos. Pablo en el Areópago reconoce el camino de los Atenienses. Los caminos "que sólo Dios conoce" existen y llevan a Dios.

Como Iglesia, por tanto, aunque no seamos simplemente un camino más, sino el de los que intentan seguir a Jesús, debemos reconocer los valores fundamentales de todas las religiones. Todos tenemos acceso a la verdad, nadie la tiene en exclusiva, nadie la posee en plenitud. El Reino está entre todos nosotros, pero también más allá de todos nosotros. De este modo, al asumir los valores del Reino, no nos consideramos sus detentores, sino sus servidores.

El pluralismo religioso no es por tanto una concesión a una situación vista en principio como no deseable, sino una valoración positiva de los muchos caminos misteriosos de Dios. Es verdad que una teología del pluralismo religioso no ha llegado aún a la madurez total, pero por eso mismo es necesario y urgente que dediquemos esfuerzos a su desarrollo e integración en nuestra espiritualidad. El pluralismo religioso, vivido como factor positivo, nos pone en una nueva sintonía que nos alienta y compromete, sin ansias de protagonismo, de direccionismo o de emulación, abiertos a la crítica, a la complementación y a la integración.

2.2.2. Reinterpretación de los valores

En este sentido se hace necesaria la reinterpretación de los grandes valores. Su horizonte es el Reino, no simplemente una mejora relativa del orden jurídico, del equilibrio de fuerzas, de las condiciones de vida o de la dignidad humana. Cualquier injusticia, violencia, marginación, compromete y niega el Reino por entero. Nadie puede sentirse bien acomodado en el Reino de Dios mientras éste no sea el Reino de todos. Al mismo tiempo, cualquier resultado, cualquier intento, cualquier gesto, cualquier sufrimiento solidario son importantes e incluso decisivos para que el Reino avance, se manifieste, empiece a ser realidad.

Nuestro compromiso es igualmente con la naturaleza como madre y condición de la vida humana. Vivimos del aire, del agua, de los alimentos, de la biodiversidad, de las condiciones atmosféricas: son bienes y realidades que compartimos y dependen de nosotros. Su deterioración es un atentado contra la vida, la salud, la dignidad humana y de la obra de Dios en su conjunto. El Reino de Dios abarca también el entorno físico y biológico, y depende de él. La creación entera gime esperando la revelación de los hijos de Dios (cf Rm 8,19.22). El Reino no es en realidad algo externo al ser humano y a Dios. Su plena realización será el momento en que Dios lo sea todo en todos (1Cor 15,28). Esta realidad se acerca o se aleja en la medida en que la vida humana corresponde o deja de corresponder al objetivo último de la creación.

Por tanto nos sentimos implicados en todas las amenazas y atentados contra la vida humana, especialmente cuando ésta es despreciada en nombre de objetivos militares, ideológicos, económicos o científicos; cuando la medicina es negada a millones de seres humanos en nombre del derecho de propiedad de las patentes farmacéuticas.

2.2.3. El sueño de Dios y de la humanidad

Asumimos plenamente el sueño de Dios y el sueño de la humanidad. Esto significa que nos sentimos obligados a tornarlo realidad. No aceptamos que las estructuras nos paralicen, que las normas e instancias humanas nos sirvan de coartada. No negamos la autoridad ni la institución. Queremos el diálogo, aceptamos la crítica, confesamos nuestras limitaciones. Pero ante la urgencia del "Reino de Dios y su justicia", tal vez seamos llamados a repetir la frase de san Pedro ante el tribunal: "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres".

No son sólo episodios concretos, carencias puntuales, necesidades inmediatas lo que demanda nuestro compromiso, sino toda la realidad, con sus estructuras perversas, sus falsos equilibrios, sus falsos valores, su enorme carga de inhumanidad. Creemos, con fe humana y sobrenatural, que una nueva realidad, un nuevo comienzo, un nuevo mundo es posible.

Es la novedad de Dios, que ya se presiente en el grito y la esperanza de los pobres, en la denuncia y el anuncio de los profetas.

 

3.3 Valoración-iluminación de la realidad claretiana

3.3.1. Como claretianos queremos reconocer que somos culpables también y participamos de ese "pecado del mundo" que hemos detectado y denunciado en párrafos anteriores.

Es un pecado también nuestro, en el que también participamos,

porque en parte somos beneficiarios de él, pero sobre todo

porque no nos hemos opuesto e él con todas nuestras fuerzas como nuestra condición de radicales (consagrados) y de misioneros nos exigiría,

porque, a pesar de nuestras declaraciones de autoprofetismo no hemos puesto nuestra voz y nuestra vida al servicio de la denuncia y la lucha contra este "pecado mayor de nuestro tiempo", y podemos decir que tal pecado se ha cometido con nuestro silencio cómplice.

Somos parte de una Iglesia que, como conjunto institucional, de no pocas maneras legitima el status quo de pecado del mundo. Al reconocer pues, penitencialmente, nuestra complicidad personal con el "pecado mayor de nuestro tiempo", y reconociendo la complicidad estructural de nuestros planteamientos teológicos tradicionales, reconocemos que también nosotros, como la Iglesia y el mundo actual, necesitamos de un nuevo éxodo, un nuevo comienzo, un "nuevo paradigma claretiano" que deje de encadenarnos al pasado y haga evidente que "otro modo de ser claretiano es posible".

 

3.3.2. Necesitamos en primer lugar una nueva teología de la vida consagrada

La mayor parte de nosotros, sobre todo los mayores, fuimos formados en una teología de la vida religiosa centrada en la búsqueda de la propia perfección, desde unos esquemas en el fondo monásticos, autocentrados y eclesiocéntricos.

La renovación de la vida religiosa puesta felizmente en marcha por el Concilio Vaticano II llevó a sustituir esta teología escolástica medieval monacal por una teología del seguimiento de Cristo, sin llevar a cabo una recuperación de la antropología propia de la vida religiosa. La renovación conciliar no subsanó esta "amputación antropológica" que habíamos heredado de la teología tradicional. La vida religiosa actual permanece mayoritariamente ciega a sus raíces históricas, enajenada de su patrimonio histórico de liminaridad y profetismo.

Somos seguidores de Jesús porque, antes, como él, pertenecemos a ese movimiento liminar profético, de hombres y mujeres que a lo largo de la historia se han sentido seducidos por la radicalidad de la experiencia religiosa y la han puesto por encima de todo

 

3.3.3. Nueva visión de la misión cristiana y de nuestra misión claretiana

El "Reinocentrismo", como superación del eclesiocentrismo, es una de las transformaciones teológicas más profundas que se ha dado en el cristianismo en los últimos tiempos. Es el paso, la reformulación de un cristianismo entendido como centrado en una institución religiosa que se sirve a sí misma (misión como implantación de la Iglesia, como sacramentalización o como misión fundamentalmente eclesiástica) a una misión entendida como servicio al Reino de Dios, como "vivir y luchar por la Causa de Jesús".

El reinocentrismo ha puesto en evidencia el desafío mayor para una Iglesia que ha vivido durante siglos en un "eclipse de Reino", ajena enteramente a todo planteamiento histórico-escatológico de construcción del Reino de Dios. Todo en la Iglesia se ha visto obligado a reformularse y recrearse desde su referencia al Reino como centro absoluto. "Sólo el Reino es absoluto; todo lo demás es relativo" (EN 8). La oración, los sacramentos, la liturgia, la predicación, los ministerios… o están al servicio del Reino como a su fin absoluto, o están fuera de su lugar propio.

Para nosotros, "vivir y luchar por la Causa de Jesús, el Reino", es la nueva comprensión de la misión del cristiano, la "gran misión de todo cristiano", sólo dentro de la cual tendrán sentido las vocaciones particulares, que siempre serán una manera de servicio al Reino.

 

Nuestra misión claretiana no puede ser sino una concretización de esa "gran misión cristiana" de "vivir y luchar por la Causa de Jesús". Tiene que ser también una misión "por-el-Reino".

Se impone una relectura "reinocéntrica" de nuestra misión. Somos "Misioneros del Reino", que no es un pretendido seudónimo de "Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María", sino una nueva forma de ver y sentir y realizar nuestra misión. Una nueva misión misionera. No misioneros de la Iglesia sin más, ni sus funcionarios, sino misioneros de la utopía del Reino, gente apasionada por el proyecto de Dios, servidores entregados en cuerpo y alma al anuncio y sobre todo de la construcción del "mundo otro" de Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gracia y Amor, de entre cuyos "gérmenes" (LG1) uno es la Iglesia, que no siempre es el "más oportuno, urgente y eficaz".

Nuestro quehacer, nuestra misión, es pues eminentemente profética y hasta laical: el anuncio y la construcción del Reino. Por eso está fuera de sitio entre nosotros el sacerdotalismo y el clericalismo en el que hemos caído con el tiempo.

 

3.3.4. Necesitamos también una nueva teología del carisma

La conocida teología de los carismas de la VR es una creación de los últimos 35 años. Ha cumplido su papel, pero está agotada. Y hoy vemos más claramente sus deficiencias. No existen los carismas fundacionales y trasmisibles, cosificados, como "un-objeto-ahí". El carisma es también, siempre, fundamentalmente, una realidad personal.

No hay un carisma que nos precede con plena objetividad al que debamos someternos. sino que tenemos derecho a recrear nuestro carisma, en respuesta a lo que el Espíritu hoy creemos que nos pide en las cambiantes condiciones de la historia actual.

Como se puede ver en su historia, la Congregación ha tenido varios carismas diferentes a lo largo del tiempo, y aunque en sus transformaciones siempre haya pretendido remitirse a una supuesta continuidad, la verdad es que el carisma ha sufrido verdaderas recreaciones.

La de 1967 fue una verdadera recreación del carisma, una "refundación" avant la lettre, realizada muy autoritativa y legítimamente, gracias al momento eclesial del mandato conciliar de la "adecuada renovación de la vida religiosa".

Hoy, al retraso de la Iglesia se ha añadido la "huida hacia delante" de un mundo que no ha cesado de evolucionar y que ya entró en un "cambio de época". En ese contexo, la reformulación de nuestro carisma que en 1967 se hiciera, ha quedado corta e insuficiente.

Otro Capítulo General tuvo una intención o unos efectos "refundadores" o de relectura: el capítulo de 1979. Este Capítulo releyó la misión del claretiano hoy desde una teología nueva: la teología reinocéntrica, histórico-escatológica y desde una explícita opción por los pobres que la Congregación hizo entonces oficialmente. Aquel Capítulo, sin embargo ya no gozó del viento eclesial favorable, sino, precisamente, del primer golpe de timón que iba a dar comienzo a una fuerte involución en la Iglesia.

Aquel nacimiento difícil y el viento eclesiástico contrario no ha podido evitar que la nueva relectura del carisma claretiano que el capítulo de 1979 reconoció oficialmente presente en la congregación, haya sido el modelo de identidad claretiana que muchos claretianos han vivido y encarnado en nuestro continente latinoamericano. "Misioneros del Reino" sería simplemente un eslogan tras el que estaría simbolizada una nueva comprensión de nuestro carisma y misión. No pocas veces hemos sentido la resistencia y hasta el rechazo de las instancias centrales de gobierno congregacional, dependientes de una visión teológica europea –que se tiene a sí misma por "universal" y margina o incluso ignora otros puntos de vista-, pero, a pesar de todo, esta nueva identidad claretiana es una realidad, está en marcha y nos sigue alentando.

Creemos que esta identidad necesita reivindicar una vez más su legitimidad, y, sobre todo, necesita prolongar y extrapolar sus planteamientos en esta coyuntura de "nuevo paradigma".

 

3.3.5. Nuevo modo de relacionarnos con Claret

Hace ya tiempo que es un clamor en buena parte de la Congregación la necesidad de una relectura de Claret. Su figura ha sido acaparada y hasta secuestrada por una interpretación oficial según los clásicos modelos hagiográficos mitificadores típicos de los personajes históricos "fundadores". Esa interpretación oficial ha sido temerosa de que otros investigadores aportaran su visión crítica.

Hay importantes zonas de la vida y la significación de Claret que necesitan todavía una investigación más profunda y sobre todo una interpretación valiente y sincera, convencida de que no tenemos por qué haber sido fundados por un hombre sin limitaciones humanas, sin errores, ni sin participación en la postración general de una Iglesia en uno de los peores siglos de su historia.

Tenemos derecho y reivindicamos nuestro derecho a la verdad histórica de Claret. Tenemos derecho a ser claretianos sin necesitar fundamentar nuestro claretianismo en un mito maquillado o edulcorado. Podemos reconciliarnos con la verdad abierta y sincera.

 

 

 

3. PROPUESTAS

3.1 Respecto al sistema

Hay dos maneras de leer, interpretar y vivir este estilo de vida. El modelo o línea sacerdotalizante, centrado en el templo, preocupado por el culto litúrgico, el rito rubricado, la pureza legal, el sacrificio expiatorio, etc. Y el modelo el profético centrado en la denuncia del mal y el anuncio de buenas noticias para los pobres y las víctimas de las estructuras faraónicas de todos los tiempos que oprimen, reprimen, explotan, excluyen y eliminan al pobre, al indigente, al emigrante, al esclavo, al huérfano y a la viuda. Jesús asume la línea profética y cuestiona fuertemente el modelo sacerdotal opresor y excluyente.

Si los Misioneros claretianos asumimos estos desafíos en el compromiso por el Reino, nos correspondería:

1. Comprometerse, real y efectivamente, con los procesos de trasformación de las estructuras sociales. De ninguna manera se puede reducir nuestra vocación misionera sólo ni prioritariamente al "cambio del corazón". El asistencialismo no es profético. La asistencia es suplencia de las obligaciones de estados y gobiernos. Por lo tanto no nos corresponde como misioneros suplir estas responsabilidades. Nuestro papel es acompañar a nuestro pueblo para que exija sus derechos a quien corresponde.

2. Asumir nuestra vocación-misión desde la perspectiva profética, rompiendo con las viejas estructuras en las que hemos vivido nuestro ser claretiano.

3. Participar activamente en aquellos espacios donde se denuncia la maldad institucional e internacional del imperio, como son los Foro Mundiales Sociales.

4. Estar en lugares donde se defienden los derechos humanos: Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Franciscans International, Amnistía Internacional, Comisión interamericana de Derechos Humanos de la OEA., etc.

5. Participar activamente, en nuestros países y regiones, en procesos de defensa de la tierra, movimientos indígena, acompañamiento a comunidades en resistencia, campañas contra la deuda externa, ALCA y lucha contra la impunidad, etc

6. Estar en las organizaciones populares y de derechos humanos que existen en nuestros países. Es urgente que estemos allí, no sólo como simples espectadores o asistentes sino participando activamente en los debates, en los compromisos y en las acciones

7. Discernir, en cada país, el espacio donde tenemos que estar y actuar para defender la vida y luchar por la causa de los empobrecidos, excluidos y eliminados del sistema imperante.

8. Hacer de nuestra presencia en lo medios de comunicación social, una herramienta efectiva en la lucha contra el sistema de alienación mundial.

3.2. Respecto a la dimensión religiosa y eclesial

1. Prestar nuestro servicio misionero y profético en la Iglesia, por medio de grupos, comisiones de Justicia y Paz Integridad de la Creación, acompañamiento a comunidades, denuncias, presencia en barrios marginales, comunidades desplazadas, refugios. Participar allí donde se está construyendo un nuevo rostro de ser Iglesia en medio de la realidad de este mundo neoliberal: minorías sexuales y étnicas que buscan su identidad y presencia eclesial; movimientos ecuménicos, de diálogo interreligioso; movimientos feministas y de reivindicación de la mujer; lecturas concretas de la Biblia, de la teología, de la tradición en la realidad de nuestros pueblos; CEB´s.

2. Denunciar las desigualdades, injusticias y exclusiones que se viven al interior de nuestra propia Iglesia. No podemos anunciar al mundo el Reino de Dios si antes no lo hemos vivido, anunciado y celebrado nosotros mismos. El mejor servicio que podemos hacer a la Iglesia es denunciar todo lo que de anti-Reino ella misma tiene y que por tanto desdice de su fin último (Reino) del cual se dice sacramento, icono, prefiguración.

3. Encarnarnos, como Iglesia y VC, en las vidas, y esperanzas, en las luchas y esfuerzos de liberación de los pobres y excluidos del sistema.

Confiamos en que esta nueva Iglesia, consciente de su presente histórico y que se proyecta hacia la utopía, ya presente, del Reino de Dios se haga posible y necesaria en el Hoy de América Latina excluida, marginada y empobrecida por los dueños del mundo. Esta Iglesia consciente de esa realidad debe estar puesta al lado de los preferidos de Dios, los más pobres.

 

3.3. Respecto a la congregación

La congregación tiene un rico patrimonio carismático que podemos rastrear desde el comienzo de nuestro nacimiento. Hemos tenido etapas en las que hemos recreado el carisma original para intentar así responder mejor al Plan de Dios en nuestro mundo. Tarea no lograda plenamente. Nos encontramos en un momento donde todo se nos muestra con nuevas características, en el que, como hemos visto, la presencia del Anti-Reino toma visos de ser un único paradigma del mundo impuesto violentamente a todos, un gran meta relato del cual somos cómplices. Nuestras propuestas son las siguientes:

1. Convertir al Reino nuestra Misión e identidad, de tal modo que se posibilite el asumir los proyectos liberadores de los pueblos en los que vivimos. Nuestra identidad está en ser "Misioneros del Reino" y no primordialmente en lo ministerial-institucional.

2. Continuar profundizando y elaborando, desde la revisión iniciada, nuestro ser Misioneros del Reino.

3. Realizar una Revisión de posiciones en clave de "Misión profética", donde claretianos puedan estar disponibles para realizar proyectos misioneros. No asumir urgencias eclesiásticas, sino aquellos proyectos que respondan a urgencias del Reino.

4. Buscar y promover una organización de la congregación flexibilizada, con estructuras de gobierno más plurales y participativas (elección de Superiores de las delegaciones, discernimiento de nuevas posiciones, etc.) Nadie este en parroquias cuando su servicio resulte fundamental en otras tareas misioneras.

5. Hacer una revisión del "imaginario claretiano", empezando por la figura del P. Claret, amerita un discernimiento de las mitificaciones que se dan alrededor de su figura. Estar abiertos a la recreación del carisma claretiano que está en marcha.

6. Dar los pasos necesarios para convertir el Secretariado de JPIC en la Comisión de JPIC de la Congregación, potenciando así su dimensión profética.

7. Dar mayor apoyo y profundización al diálogo interreligioso dentro de la Congregación, entendido como una relectura de nuestro patrimonio espiritual en apertura a los patrimonio de los otros pueblos y religiones.

CONCLUSIÓN

Nuestra reflexión se ha centrado en lo que sentimos claramente como el problema fundamental, e incluso nos atrevemos a llamar "pecado mayor" de la situación mundial que nos toca vivir: el Neoliberalismo económico, que determina la política hegemónica y el expansionismo militar y que se encubre y legitima con el aparato comunicacional y mediático. Neoliberalismo en su nueva fase de imperialismo.

Nuestra mirada sobre la iglesia y el mundo religioso, así como sobre la propia congregación y los otros aspectos que apuntamos, quiere afrontar este "punctum dolens" fundamental con la intención de desenmascararlo y confrontarlo desde nuestra misión cristiana profética.

No nos importa la exactitud de cada frase, su mayor o menor acierto, sino la cuestión de fondo, el problema central que señalamos y la necesidad imperiosa de responder proféticamente al mismo desafío; porque nos duelen profundamente los millones de víctimas que este sistema está causando delante de nuestros ojos.

Somos bien conscientes de la complejidad tanto del problema, como de las respuestas al mismo. Por eso no pretendemos dogmatizar ni catequizar a nadie, sino proponer honrada y hasta apasionadamente nuestras convicciones, ofrecerlas a nuestros hermanos de Congregación y contribuir así a dar una primera respuesta reflexiva y comunitaria.

Queremos que la importancia misma del tema abordado esté abierto al debate, que nos ayude a todos a ahondar en el tema pendiente del análisis profundo del Neoliberalismo y de las respuestas misioneras proféticas que nos toca aportar.

En el encuentro hemos orado también juntos y hemos tenido presentes a los miles de mártires y millones de víctimas del sistema, especialmente en nuestra tierra latinoamericana. Nos hemos dejado interpelar por el Espíritu que gime con la creación entera y que inspiró a María de Nazaret la esperanza de que el Señor derribe del trono a los poderosos y enaltezca a los empobrecidos.

 

Sasaima, 1-6 de julio del 2003

 

 

Estimado José María:

He leído el documento de Sasaima que me hiciste favor de enviar. Es un motivo de orgullo que haya sido realizado por CICLA, pues como dice su introducción, esta región ha de continuar iluminando la marcha congregacional. No sé si sea acierto o coincidencia de que el Documento salga en vísperas del Capítulo General. Como quiera, creo que debe hacerse llegar a los capitulares, pues puede bien marcar el rumbo de la renovación de nuestro instituto. Fundamentalmente me identifico con él. Estoy de acuerdo en la perspectiva que hace de nuestro mundo, pues vivimos momentos trascendentales, de los cuales, si no los reconocemos, no tendrá sentido nuestra reflexión capitular. También me pareció muy acertada nuestra identidad de "Misioneros del Reino", y no entender este en forma espiritualizada. Estoy convencido que en estos momentos, los grupos políticos, movimientos, religiones, y por supuesto, los institutos religiosos se valorarán no por las preciosidades teológicas, ni por su unidad de disciplina, ni por el prestigio de sus obras, ni por el número de sus miembros, cuanto por la respuesta que den a los grandes desafíos mundiales (al menos desde nuestras posibilidades reales). Si no hacemos algo significativo al respecto, quedaremos como irrelevantes en la Iglesia, y es desde este compromiso que todas nuestras áreas, programas y proyectos pueden visualizarse. Ojalá que el Documento tenga impacto y sea debidamente valorado. Felicidades:

Enrique Marroquín cmf