12 Octubre del 2000, Movilización Continental
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http://www.movimientos.org/grito/Del fondo de nuestros corazones, nosotros, los pobres de América Latina y el Caribe, excluidos de la sociedad neoliberal, elevamos nuestras voces para expresar perplejidad frente a la actual coyuntura internacional, marcada por la desigualdad y por la injusticia.
Somos todos pasajeros de la misma nave espacial llamada planeta Tierra. Sin embargo, como en las carabelas de los colonizadores y en los aviones trasatlánticos, viajamos en condiciones desiguales. Una minoría usufructúa, en primera clase, de tecnología de punta, como el Internet, de alimentación saludable, de medicina sofisticada y de acceso a la cultura. La mayoría -85% de la población mundial- se amontona en bolsones insalubres, amenazada por el hambre, por las enfermedades y por la violencia.
Nuestro grito se yergue en contra de la globalización que, al favorecer a los pocos países metropolitanos, en detrimento de las naciones pobres, revela su carácter de verdadera globocolonización. El PIB mundial, calculado hoy en USD 25 billones, es el retrato de la brutal acumulación de la riqueza en manos de pocos: los países del G-7 (Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Francia, Italia, Alemania y Japón) detentan USD 18 billones. ?Los 7 billones de dólares que restan deben ser repartidos entre más de 240 países!
Clama a los cielos constatar que apenas tres ciudadanos norteamericanos -Bill Gates, Paul Allen y Warren Buffett- poseen, juntos, una fortuna superior al PIB de 42 naciones pobres, ?en las cuales viven 600 millones de habitantes!
Hoy, en América Latina y el Caribe, hay 204 millones de pobres y 90 millones de miserables. Son 192 millones de niños, de los cuales la muerte alcanza, cada año, a casi 500 mil, afectados por enfermedades prevenibles. Cerca de 14 millones de niños con menos de 5 años de edad sufren deficiencia de vitamina A. Cerca de 20 millones de niños menores de 15 años de edad trabajan en América Latina y el Caribe. Muchos abandonan la escuela para ayudar en el presupuesto familiar, mientras otros asumen riesgos de vida en sus actividades profesionales.
Casi 2 millones de latinoamericanos y caribeños están contaminados por el virus HIV. En las escuelas de enseñanza fundamental, la tasa media de repetición es del 30 por ciento, sin contar que amplias capas de la población todavía son analfabetas, agravadas por el analfabetismo virtual, por no saber lidiar con los equipos electrónicos.
Nuestro grito es de protesta contra la economía neoliberal que, monitoreada por el FMI y por el Banco Mundial, reduce la democracia al mercado, la ciudadanía al consumismo, y viola la soberanía de nuestros Estados nacionales a través de la privatización de nuestras empresas estatales y públicas. En 1999, el desempleo se elevó a 8,7% en nuestro Continente, la tasa más alta de la década, mientras el salario real en la industria cayó, según la OIT, 0,9% en el primer semestre de 1999, frente a igual período en el año anterior.
Se globaliza la pobreza y no el progreso; la dependencia y no la independencia; la competitividad y no la solidaridad. Mientras que, las naciones ricas invierten en tropas y armas, anualmente, ?800 mil millones de dólares! Nuestro grito interpela: si las naciones ricas quieren la paz, ?por qué no suprimen sus recursos bélicos y cancelan las exportaciones de armas para el Tercer Mundo? Si quieren el fin de las drogas, ?por qué no erradican los paraísos fiscales y prohíben que el éter y la acetona se exporten de EE.UU. a Colombia? Nuestro grito quiere hacer ver que América Latina no tenía deudas después de la Segunda Guerra Mundial. Hoy, debe casi 1 billón de dólares. Por habitante, es la más alta deuda externa del mundo. Y en ninguna otra parte del mundo hay tanta diferencia entre los más ricos y los más pobres como en nuestro Continente.
Nuestro grito denuncia la mentira de que el mercado neoliberal es igual para todos. ?Cuántas empresas y bancos del Primer Mundo hay en nuestros países? ?Y cuántas empresas y bancos de nuestros países hay en el Primer Mundo? Para citar un ejemplo, Brasil, con 8,5 millones de kilómetros cuadrados y 167 millones de habitantes, exportó, en 1998, cerca de USD 51 mil millones. Holanda, con 41,5 mil kilómetros cuadrados y 15,7 millones de habitantes, exportó USD 199 mil millones en el mismo año.
Gritamos para denunciar: se quiebran las barreras comerciales de nuestras naciones y yerguen verdaderas murallas proteccionistas en los países ricos, donde es cada vez más difícil la entrada de productos provenientes de nuestras fuentes productoras. Nos imponen comprar lo que producen, pero se rehúsan a consumir lo que tenemos que ofrecer. En los países de la OCDE, el club de los más ricos, el impuesto aduanero medio aplicado a las exportaciones de manufacturas de los países subdesarrollados es cuatro veces mayor que el aplicado a los países miembros del club. Nosotros, del Sur, somos víctimas del proteccionismo selectivo impuesto por el Norte.
Gritamos por no soportar la asfixia de los exorbitantes precios que debemos pagar por los productos manufacturados, mientras los productos básicos producidos por nuestros países, como el azúcar, el cacao, el café y otros similares tienen, hoy, un poder adquisitivo equivalente al 20% de lo que tenían en 1960, y mal pagan los costos de producción.
Nuestros países son víctimas del capital especulativo; del colonialismo cultural de los enlatados televisivos; de la intervención militar so pretexto de combate al narcotráfico. Nunca tuvimos, entre nosotros, tantos hambrientos y desempleados. En nuestras calles, niños y mendigos se disputan, como animales voraces, las latas de basura. Gritamos indignados contra la prepotencia del FMI que, de sus escritorios en Washington, nos impone políticas de ajustes fiscales, sin tener en cuenta la variedad de naciones y la especificidad de cada país, cortando inversiones sociales y multiplicando la miseria y la pobreza. Y ?quién asume la responsabilidad cuando tales ajustes producen el caos y desestabilizan gobiernos, como ocurrió en Ecuador?
Nuestro grito, se suma al de Gaia, la Tierra asaltada por la ganancia de lucro, con graves amenazas al medio ambiente y al equilibrio ecológico. Son las naciones ricas que más contaminan la atmósfera y, en nuestros países, invierten en empresas que contaminan nuestros ríos, y nuestros mares, y derrumban nuestros bosques, exterminando nuestra fauna y flora. Basta decir que EE.UU. consume, por año, 8,1 toneladas de petróleo por habitante, mientras nuestros países consumen un promedio de 0,8 de tonelada por habitante.
Esperanza en el Tercer Milenio
Nuestro grito es también de esperanza, forjada en nuestras luchas democráticas y populares. Exigimos la demarcación y protección de las áreas indígenas; el cambio de las políticas económicas excluyentes y dependientes; la reforma agraria; el combate al desempleo; la cancelación de nuestras deudas externas, dentro del espíritu del año Jubilar demandado por el Papa Juan Pablo II; el acceso de toda la población a los tres derechos fundamentales: alimentación, salud y educación.
Nuestro grito expresa el deseo de que el FMI sea sustituido por una institución reguladora de las finanzas internacionales efectivamente democrática, donde todas las naciones tengan igual poder de voz y de voto, capaz de detener la avalancha especulativa, derrumbar el proteccionismo de los países ricos, y que no se sujete a gerenciar los intereses de los acreedores billonarios.
Gritamos con el anhelo de que sea adoptada la tasa Tobin, pero no de 0,1% sobre las transacciones financieras especulativas, y si de 1%, a fin de crear un fondo superior a USD 1 billón, capaz de contribuir al desarrollo sustentable de nuestros países.
Sea oído nuestro clamor para que el Gobierno de EE.UU. se retire de Colombia inmediatamente, evitando un nuevo Vietnam, con graves consecuencias para la población y la selva amazónica. Exigimos también la pronta suspensión del bloqueo impuesto a Cuba y el respeto de autodeterminación del pueblo cubano.
Nuestro grito se eleva a todos los que son sensibles a la solidaridad y osan abrazar la utopía de un mundo sin desigualdad, miseria y exclusión. Lo que queremos se resume en tres palabras, todas ellas hijas de la justicia: pan, placer y paz.
Como el grito del salmista, lleguen a los oídos del Señor de la Justicia nuestros clamores, bajo las bendiciones de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América Latina, y de san Oscar Romero, que nos inspira en la indignación y en el coraje.
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Revisado: 25 de June de 2001 12:42:48 PM
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