SUGERENCIAS PASTORALES

Líneas de acción recomendadas para una Pastoral de Emigrantes:

 

  1. Necesidad de una pastoral específica:
  2. Quienes piensan que la atención a los emigrantes se reduciría a ayudar a su integración a la sociedad que los acoge, no parece demasiado apremiante una pastoral específica de emigrantes. Bastaría facilitar su aprendizaje del idioma y de la legislación local, así como ayuda para la tramitación de sus papeles. A ellos responde Mons. Josef Voss, Obispo Auxiliar de Munster y presidente de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Alemana, diciendo que "la cuestión no es de si se necesite una pastoral específica, sino de cómo debe ser esta pastoral bajo las nuevas circunstancias". Para Mons. Voss, esta pastoral es tan antigua como la misma Iglesia. Se remonta a la historia de los Apóstoles, cuando los grecoparlantes de la comunidad judeocristiana en Jerusalén tuvieron problemas y se quejaron a Pedro. En la Edad Media, muchos inmigrantes querían expresar sus angustias en su idioma natal. Es el origen de las iglesias nacionales en Roma, en Santiago de Compostela, en París, en Colonia, en todas partes, incluso en Aquisgrán, donde se creó la capilla húngara. La Iglesia ha seguido a los emigrantes en Rusia, a los que se fueron de los Balcanes a EEUU.

    (Ventana Europea, n.49, marzo 2002, Sevilla, p. 20-21)

     

  3. Calidez de acogida
  4. Dar una atención especial a los emigrantes no es una opción de determinadas parroquias exclusivas para ellos, sino de todas aquellas comunidades cristianas en donde haya flujo migratorio. Así, los obispos mexicanos lo recomiendan:

    "Es deber cristiano acoger a cualquier persona que pase necesidad. Esta apertura construye comunidades cristianas enriquecidas con los dones que les aportan los nuevos discípulos procedentes de otras culturas. Esta expresión del amor evangélico es inspiración de innumerables programas de solidaridad con los emigrantes" (Mensaje 2003, n.3).

    Puesto que las parroquias son el lugar teológico concreto donde la salvación y el amor de Cristo se hacen presentes, pedimos a los señores párrocos y por su medio a todos los fieles, que abran espacios y sobre todo el corazón a los migrantes, sin ninguna distinción. Cada migrante deberá sentir en las parroquias que encuentra a su paso, un poco del calor del hogar que por necesidad tuvo que abandonar.

    (Conferencia Episcopal Mexicana, Mensaje al Pueblo de México, 15 noviembre 2002, n.18)

     

  5. Ayudar a los emigrados en sus necesidades inmediatas:
    Dentro de la Pastoral Social, el asistencialismo es la actitud más elemental, necesaria cuando las necesidades son más apremiantes. Organizar este campo de la forma más eficiente posible es, justamente, la tarea más específica de Caritas. Giancarlo Perego, responsable de Caritas Italiana, propone el objetivo de esta acción respecto a los emigrantes:
  6. "Ayudar a las personas que se encuentren ilegalmente en nuestro territorio a hacer frente a sus necesidades inmediatas y existenciales, pero siempre intentando ayudarles, en las formas establecidas, a salir de la ilegalidad" (…) "El mundo de la inmigración requiere "además de acogida fraterna, nuevas formas de tutela (…) que ayuden a las personas a ser reconocidas como ciudadanos, sujetos de derecho".

    Participación en el 28º Congreso de Cáritas en Italia, celebrado en Rimini del 18 al 20 de junio.

  7. Solidaridad y promoción humana:
  8. Una Pastoral Social que supera el "asistencialismo" es la promoción humana. Juan Pablo II dedica la Jornada Mundial del Emigrante de 1998 a "El compromiso cristiano de solidaridad y promoción humana de los emigrantes". Aprecia y alienta a quienes se dedican a aliviar sus molestias y sufrimientos, y advierte que "a los problemas relacionados con las barreras culturales, sociales y, a veces, incluso religiosas, se unen los vinculados con otros fenómenos, como el desempleo, la división de la familia, la carencia de servicios y la precariedad que afecta a muchos aspectos de la vida diaria." Para el creyente, acoger a los otros no es sólo filantropía o atención natural a sus semejantes. Es mucho más, porque en todo ser humano sabe encontrar a Cristo, que espera ser amado y servido en los hermanos, especialmente en los más pobres y necesitados. Y cita las palabras de Santiago, que escribía así a las "doce tribus de la diáspora", es decir, probablemente a los cristianos de origen judío dispersos en el mundo grecorromano: "¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: "Tengo fe", si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: "Id en paz, calentaos y hartaos", pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta" (St 2, 14-17).

     

  9. Equilibrar los objetivos de integración y de mantenimiento de su identidad cultural
  10. El Papa exhorta a los emigrantes y refugiados cristianos a no encerrarse en sí mismos, aislándose del camino pastoral de la diócesis o de la parroquia que los acoge. Al mismo tiempo, pone en guardia al clero y a los fieles contra la tentación de buscar simplemente su asimilación, que anularía sus características peculiares. Más bien, favorece la gradual inserción de estos hermanos, valorando sus diferencias para construir una auténtica familia de creyentes, acogedora y solidaria. (Mensaje 1998)

    Los obispos mexicanos recuerdan que los emigrantes

    "además de su fuerza de trabajo, llevan consigo un bagaje cultural y religioso, capaz de enriquecer su lugar de destino; no obstante, al no encontrar el acompañamiento apropiado, corren el riesgo de perder estas raíces, que son las que alimentan fundamentalmente a la persona" (n.10).

    Pero al mismo tiempo les advierten:


    "A los hermanos migrantes les pedimos acatar las leyes civiles y trabajar por el bienestar del país que los acoge. Los exhortamos a mantenerse firmes en su fe y a dar testimonio de ella, bajo el amparo de la Santísima Virgen de Guadalupe; les recordamos su deber de ser fieles a su familia, solidarios con sus semejantes y de cuidar y administrar con prudencia los bienes que con tanto esfuerzo han conseguido."

    (Mensaje al Pueblo de México, n. 19)

  11. Ocasión para el diálogo de culturas y de religiones
  12. Cada día, en muchas partes del mundo, emigrantes, refugiados y desplazados se dirigen a parroquias y organizaciones católicas, buscando apoyo, y son acogidos sin tener en cuenta su pertenencia cultural y religiosa. Al sacerdote a quien se encarga específicamente el cuidado pastoral de los emigrantes, el Papa le pide "que sirva de puente entre culturas y mentalidades diversas. Eso supone que tiene conciencia de desempeñar un verdadero ministerio misionero "con el mismo afecto con que Cristo por su encarnación se unió a las condiciones sociales y culturales concretas de los hombres con los que convivió" (Ad gentes, 10). (Mensaje de 1998)

    Juan Pablo II dedicó su Mensaje a la Jornada Mundial del Emigrante de 2002 al diálogo interreligioso. En él reconoce que la parroquia "representa el espacio en el que puede llevarse a cabo una verdadera pedagogía del encuentro con personas de convicciones religiosas y culturas diferentes. En sus diversas articulaciones, la comunidad parroquial puede convertirse en lugar de acogida, donde se realiza el intercambio de experiencias y dones, y esto no podrá por menos de favorecer una convivencia serena, previniendo el peligro de tensiones con los inmigrantes que profesan otras creencias religiosas."

    "Si todos tienen voluntad de dialogar –continua diciendo-, aun siendo diversos, se puede encontrar un terreno de intercambios provechosos y desarrollar una amistad útil y recíproca, que puede traducirse también en una eficaz colaboración para alcanzar objetivos compartidos al servicio del bien común. Se trata de una oportunidad providencial, especialmente para las metrópolis donde es muy elevado el número de inmigrantes pertenecientes a culturas y religiones diferentes. A este propósito, se podría hablar de auténticos "laboratorios" de convivencia civil y diálogo constructivo."

    (Mensaje 2002, 25 de julio 2001)

     

  13. Oportunidad para el diálogo interreligioso:
  14. La migración es ocasión de que entren en contacto creyentes de las diversas religiones. Mons. Stephen Fumio Hamao, presidente del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes aconseja en estas circunstancia el "diálogo como una vía primaria a seguir", un instrumento indispensable para "remover las barreras de la desconfianza y del prejuicio".

    (Kotakinabalu, Malasia, el 7 de julio 2002, durante el Congreso promovido por la Federación de las Conferencias Episcopales Asiáticas.)

    En el citado Mensaje Papal de 2002, Juan Pablo II advierte que el servicio de la caridad, que los cristianos siempre están llamados a realizar, no puede limitarse a la mera distribución de ayudas humanitarias. Alienta a buscar ocasiones oportunas para compartir con quienes son acogidos el don de la revelación del Dios Amor, "que tanto amó al mundo, que dio a su Hijo único" (Jn 3, 16). "Junto con el pan material, es indispensable no descuidar el ofrecimiento del don de la fe, especialmente a través del propio testimonio existencial y siempre con gran respeto a todos". La acogida y la apertura recíproca permiten conocerse mejor y descubrir que las diversas tradiciones religiosas. El diálogo que resulta de ello puede enriquecer a cualquier espíritu abierto a la verdad y al bien. Este diálogo interreligioso constituye uno de los desafíos más significativos de nuestro tiempo, el fenómeno de las migraciones podría favorecer su desarrollo. El diálogo, para el Papa, no debe esconder el don de la fe, sino exaltarlo.

    "¿Cómo podríamos tener semejante riqueza sólo para nosotros? Debemos ofrecer a los emigrantes y a los extranjeros que profesan religiones diversas, y que la Providencia pone en nuestro camino, el mayor tesoro que poseemos, aunque con gran atención a la sensibilidad de los demás".

  15. Ocasión para evangelizar:
  16. "Debemos ofrecer a los emigrantes y a los extranjeros que profesan religiones diversas, y que la Providencia pone en nuestro camino, el mayor tesoro que poseemos, aunque con gran atención a la sensibilidad de los demás. Para realizar esta misión es preciso dejarse guiar por el Espíritu Santo. En el día de Pentecostés, el Espíritu de verdad completó el proyecto divino sobre la unidad del género humano en la diversidad de las culturas y las religiones." (Mensaje 2000, n.4)

     

  17. Defensa de sus derechos humanos:
  18. "Para el creyente, ocuparse de los emigrantes significa esforzarse por asegurar a hermanos y hermanas llegados de lejos un puesto dentro de las respectivas comunidades cristianas, trabajando para que a cada uno se le reconozcan los derechos propios de todo ser humano. La Iglesia invita a todos los hombres de buena voluntad a dar su contribución para que cada persona sea respetada y se eliminen las discriminaciones que humillan la dignidad humana. Su acción, sostenida por la oración, se inspira en el Evangelio y está guiada por su secular experiencia".

    (Juan Pablo II, Jornada Mundial 1998, n.2)

    "Es difícil lograr una coexistencia normal con los inmigrantes, cuando en el fondo del inconciente colectivo subyacen ideas como las que expresó el ministro del Interior Schilly cuando dijo que "la Iglesia debe pagar por su trabajo" o que "el barco ya está lleno". La Iglesia no debe anunciar solamente principios éticos de orientación, sino que tiene que defender los derechos. Cuando la Iglesia les ayuda no comete ningún delito. "Tenemos que luchar para que el choque contra la ley del permiso de residencia no sea más fuerte que los derechos fundamentales que están en peligro".

    (Mons. Joseph Voss, art. cit.)

    La Iglesia a veces debe hacer sentir su voz, cuando los derechos humanos de los emigrantes son conculcados. Así lo hacen los obispos mexicanos respecto a los emigrados a los Estados Unidos:

    "Si la entrada ilícita a un territorio se cataloga como un delito, se ignora la dignidad y los derechos fundamentales de los migrantes indocumentados. Éstos, posiblemente infringen una norma, pero no son delincuentes y no es lícito tratarlos como tales y menos aprovecharse de su situación de desventaja para violar sus derechos humanos y laborales." (n.7)

    "Después de los sucesos dolorosos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, es comprensible que las autoridades y el pueblo de los Estados Unidos de América experimenten una gran preocupación por la seguridad nacional. Esto, sin embargo, no es razón para etiquetar a todo migrante como presunto terrorista y mucho menos para que algunos ciudadanos por propia iniciativa se dediquen, bajo este pretexto, a la persecución y cacería de los mismos, como si se tratara de simples animales." (n.8)

    "Por otra parte, con la migración se agudiza la desintegración familiar, pues la familia del migrante resulta profundamente afectada por las largas ausencias del padre, de la madre o de los familiares. Al no poder reunirse sus miembros en un tiempo relativamente corto -en virtud de los severos mecanismos de inmigración-, se fractura esta institución de manera grave y se impide el sano y armonioso desarrollo social. Consideramos urgente que se facilite el tránsito legal de los jornaleros temporales."

    (n.9)

    Mons. Stephen Fumio Hamao, Presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, señalando algunos criterios para esta Pastoral, señala:

    Para que una normativa en materia de emigración satisfaga un mínimo indispensable de principios éticos, debería asegurar la salvaguardia de los derechos humanos fundamentales, como garantía de la dignidad de la persona: el derecho a la vida y a la integridad física y moral, a conservar la lengua, la cultura y las tradiciones propias, a la libertad de expresión, de pensamiento y de religión. Al modo humano de la "política" se contrapone la "política de Dios" ("Era extranjero y me habéis recibido"), y en consecuencia la política del cristiano, cuya tarea consiste sobre todo en acortar las distancias entre las personas y las instituciones, de servir de puente entre ambos. Las instituciones no consideran las personas, ven los problemas. El cristiano, en cambio, considera ante todo las personas y sus problemas. Sólo las personas que hablan de personas pueden alimentar in sentimiento de acogida frente a quien se encuentra en dificultades, desactivando temores y miedos que con frecuencia tienen sus justificaciones y no pueden ser minusvalorados. No somos nosotros quienes amamos a los hombres, es Dios que ama a los hombres a través nuestro: éste es el principio de la encarnación. Quien recibe el anuncio no tendrá miedo a verse instrumentalizado. El extranjero, de una cultura y de una religión diferente, descubrirá que el Dios a quien busca le está vecino, gracias a la presencia de un hermano que da testimonio de la experiencia de un amor, que él ya recibió u que comunica por sus gestos de acogida, de participación de solidaridad.

    S.E. Mons. Stephen Fumio HAMAO

    Presidente del Pontificio Consiglio della Pastorale per i Migranti e gli Itinaranti

     

     

  19. Incidir en la política migratoria del país receptor:
  20. A veces las políticas migratorias no son justas. Una ambiciosa Pastoral de Emigrantes procurará incidir en ellas, tanto en los países que expulsan emigrados, como en los que los atraen. Así lo hacen los obispos mexicanos:

    "Los mexicanos que laboran en los Estados Unidos, por concepto de remesas, envían a nuestro país alrededor de 8 a 10 mil millones de dólares anuales. Constituyen así para la nación, la tercera fuente de ingresos en divisas extranjeras. A pesar de lo anterior, las autoridades no han instrumentado, hasta la fecha, mecanismos idóneos y justos para que llegue este dinero a sus destinatarios sin mengua alguna." (n.11)

    "Reconocemos el derecho que tienen los Estados soberanos de proteger sus fronteras y el esfuerzo de las autoridades de los Estados Unidos al acoger a cientos de miles de mexicanos cada año; sin embargo, queremos señalar que cuando las leyes y políticas migratorias se vuelven rígidas e inflexibles, imposibilitan la migración legal y provocan la no legal, dando lugar a mafias sin escrúpulos que trafican con personas y lucran con su necesidad y su vida. Cuando se intensifican los operativos de vigilancia en las fronteras, éstas se convierten prácticamente en trampas donde mueren muchas personas."

    (n.6)

    Para Mons. Joseph Voss, no existe acuerdo entre los ministros de Exteriores de la Unión Europea sobre las líneas políticas frente a los países de "origen y tránsito" de la inmigración. Esta fisura nace de una situación diferente respecto a la inmigración - los países mediterráneos están más expuestos al desembarco de ilegales --, así como de una interpretación política distinta del fenómeno. "Por un lado --y es la posición predominante--, no se quiere ver el problema de la movilidad en cuanto tal, sino que se atiende sólo a los aspectos de conflicto y enfrentamiento; por otro lado --y esta es la actitud más correcta-- se busca interpretar el fenómeno en clave europea, intentando enfrentar los cambios con una actitud positiva". Los emigrados se encuentran totalmente desprotegidos, con el sentimiento de ser rechazados. El no tener residencia parece implicar que no tienen ningún derecho, por eso son víctimas de extorsiones y abusos. El inmigrado debe tener la posibilidad de sobrevivir en situaciones de enfermedad. La Iglesia trabaja para que ellos puedan acceder al sistema sanitario. Lo mismo los niños, que no tienen culpa de nada, y que deberían tener acceso a escuelas. Cuando los ilegales trabaja, deben tener derecho a reclamar en caso de que se comentan irregularidades en su sueldo.

    (Ibid.)

  21. Concientizar a la sociedad receptora

La Pastoral de Migración no se reduce a trabajar con los extranjeros. Hay acciones importantes a realizar entre la población local:

"Para la solución del problema de las migraciones en general, o de los emigrantes irregulares en particular desempeña un papel relevante la actitud de la sociedad a la que llegan. En esta perspectiva es muy importante que la opinión pública esté bien informada sobre la condición real en que se encuentra el país de origen de los emigrantes, los dramas que viven y los riesgos que correrían si volvieran. La miseria y la desdicha que les afectan son un motivo más para salir generosamente al encuentro de los inmigrantes. Es necesario vigilar ante la aparición de formas de neorracismo o de comportamiento xenófobo, que pretenden hacer de esos hermanos nuestros chivos expiatorios de situaciones locales difíciles." En estas circunstancias "la Iglesia no debe dejar de hacer oír la voz de la fraternidad, acompañándola con gestos que testimonien el primado de la caridad."

(Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante, 25 julio 1995, n.4)