La Justicia, La Paz, la Integridad de la Creación y la Vida Religiosa
Cathy Arata
Disculpa mi castellano, pero yo lo habia aprendido todo lo que es en centroamerica. De hecho, es un espanol centroamericano, la gramatica, y el vocabulario. Si algunas cosas que no estan claras, me pueden hacer preguntas con toda libertad.
Ustedes me han invitado hoy para compartir y reflexionar sobre el tema de "la mujer religiosa frente el reto de la justicia, la paz, y la integridad de la creación."Me gustaria tratar este tema atravez de una pregunta: " ¿Quienes somos nosotras mujeres religiosas hoy en nuestro mundo?"
Desde un principio me gustaría dejar claros dos puntos.: cuando pensamos en la justicia, la paz y la integridad de la creación hay que ver que toda la cuestion de la justicia, de hacer la paz y de cuidar la creacion tienen su orientación en la acción, no sólo como parte esencial de la dimensión profetica de la vida religiosa sino también como manera de anunciar y de vivir el Evangelio. El Sínodo de los obispos en 1971 nos recuerda: "La acción a favor de la justicia y la participación en la transformación del mundo nos parece como una dimensión constitutiva del anuncio del Evangelio… en otras palabras, en la misión Eclesial por la redención de la raza humana y su liberación de cada situación de opresión." El segundo punto que quiero enfatizar es que toda acción en favor de la justicia, la paz y la creación debe fluir de la dimensión contemplativa de nuestra vida (lo cual también es profetismo). Somos "activistas" SÍ, un activismo que nace de una espiritualidad de contemplación y del discernimiento... somos activistas por el reino de Dios.
Hoy me gustaría compartir con ustedes, en una manera muy sencillo, algunas convicciones que tengo sobre nosotras, mujeres religiosas en el contexto de la justicia, la paz y la integridad de la creación. En la primera carta a los Corintios Pablo nos recuerda que somos templos del Espiritu Santo y que el Espiritu de Dios nos habita. El templo de Dios es santo y nosotras somos ese templo.
Para mí, encontramos en eso la fundamental, lo esencial de nuestra identidad, quiénes somos como religiosas en nuestra Iglesia y en nuestro mundo. Somos templos de Dios. Su Espiritu nos habita. Hemos sido consagradas y somos ‘apotólicas’, dejando que el Espiritu nos mueva de formas radicales, creando un mundo más justo y humano, estableciendo el Reino en la tierra, en nuestro planeta, que es nuestro hogar. Alguien había dicho alguna vez que ‘el milagro no es patinar encima de las aguas, sino caminar en la tierra’. El Espiritu de Dios está con nostras aqui, en nuestra tierra, que es tierra santa.
Si encontramos en eso el fundamento de nuestra identidad, entonces la estructura de ‘quiénes somos’ como mujeres apostólicas en nuestra Iglesia y mundo tiene que encontrar su raiz en el misterio pascual de Jesucristo. La palabra solidaridad tiene muchas conotaciones, pero queire decir, al final, acompañar, estar unida con. El acto de mayor solidaridad … lo más santo y sublime, es la Encarnación…, Dios entre nosotros/as. Como nos dice Pablo en Filipenses 2: Jesús siendo de condicion divina, no reivindico, en los hechos, la igualdad con Dios, sino que se despojo, tomando la condicion de servidor, y llego a ser semejante a los "hombres"
Como mujeres ‘consagradas en la Iglesia de hoy, en nuestro mundo, creo que nuestra llamada es as radical... una llamada RADICAL a vaciarnos de algunos privilegios y a despojarnos de ciertos derechos para que el Espíritu de Dios nos pueda mover o utilizar , creando y recreando la faz de la tierra. No es cuestión de sacarnos de este mundo, sino de meternos completmente, vivir la re-creación desde el propio centro de ella y, a la vez, vivirlo en los márgenes. Es un juego de equilíbrio, es cierto: vivir insertas en, pero no absortas por.
Cuando hablo de despojarnos de ciertos derechos, no estoy hablando de nuestro derechos humanos o la dignidad humana. Los derechos que quiero indicar son los que están relacionados con nuestras opciones. Casi es cuestión de una ‘actitud’, un estilo de vida, o un ‘estar atentas’ de que yo he elegido LIBREMENTE abrirme a ese Espíritu que me impuja a los márgenes. Es el Espíritu que me impuja y exige a ‘’luchar en solidaridad con los pobres, hacia la justicia y ahacia a una comunidad global.’’ Es una solidaridad que impuja la persona hacia los márgenes de nuestro mundo y sociedad.
En un documento publicado por el SCRIS en 1981 leemos. " La misión de la Iglesia es, por su naturaleza, ni más ni menos que la misión de Cristo que continúa en la historia de nuestro mundo. Consiste principalmente en la co-participación en la obediencia de Jesús, ofreciéndose para dar vida al mundo." Si esto es la verdad y si creemos en esto, tiene que afectar quiénes somos. Nos implicamos en la co-participación de la obediencia de Jesús y nos despojamos de nuestros derechos y privilegios para identifcarnos con todos los que viven en los márgenes, pues él sigue encarnado ahí.
Ellos y ellas viven alli, no por opción si no por la injusticia y la pobreza. Todo eso implica, también, en una aceptación de la cruz. En 1975 cuando lo Jesuítas preguntaron ¿que significa ser un compañero de Jesús hoy? Contestaron en su Capítulo General 34 " Es colocarnos, bajo el estandarte de la cruz, en la lucha cruciál de nuestros tiempos: el servicio de la fe, en el que la promoción de la justicia es una demanda absoluta. Cualquier esfuerzo en promover la justicia nos va a costar algo. La alegre respuesta en pagar el precio, dará a nuestra evangelización su más genuíno significado y facilitará su eficacia." Son estas las palabras que están escritas en las tumbas de los 6 Jesuítas asesinados en El Salvador.
¿Quienes somos, las mujeres religiosas, en nuestro mundo hoy? Somos mujeres impulsadas por el Espíritu y hemos libremente optado por recibir y en El, despojarnos de ciertos derechos para identificarnos más con quiénes luchan con los pobres para lograr la justicia y una comunidad global. Somos mujeres sumergidas en el mundo y a la vez vivimos en sus márgenes.
Quizáz la pregunta nos puede despertar un poco, por que nos interpela con muchos retos, y si la tomamos en serio, a lo mejor haremos cambios inalterables! Creo que como religiosas hoy, tenemos una llamada a dejar que el Espíritu de Dios nos indique el camino y nos llama a movernos por él de una manera RADICAL. Es una llamada a la fidelidad a la oración, no solo ‘rezando’, pero estando en silencio, esperando, escuchando la voz de Dios. Porque es así que vamos siendo transformadas. Es así que entramos en el corazón del Misterio Divino y empezamos a entender que Dios es nuestro centro, y tal perspectiva cambia todo! Dom Helder Cámara dijo una vez "Yo no creo en cambios sin una conversión personal". Si queremos que se cambie el mundo hacia un mundo más justo, tenemos que empezar por nosotras mismas, por nuestra propia conversión. No es una conversión de ‘una vez para siempre’ sino una conversión que se va dando cada día.
¿Quienes somos , las mujeres religiosas en el mundo de hoy? Repito: somos mujeres con la llamada a vivir y a proclamar una comunidad global, afectada por relaciones justas, de paz y de amor. Sólo lo podemos lograr desde la profunda paz interior, una paz que nace de una oración de ‘escucha’. Somos mujeres con la llamada a la conversión diaria.
Pero, antes de seguir con la consideración de nuestra identidad en el mundo de hoy, vamos a mirar un poco la realidad de nuestro mundo. (using the globe)
Quizás la primera cosa que hay que reconocer en el mundo de hoy es que es un mundo DIVIDIDO entre los/las que tienen y los/las que no tienen…entre el norte y el sur…y, sin ser demasiado pesimista, creo que tenemos que reconocer que es un mundo ‘vacio’.
Es un mundo de unas grandes desporporciones. En un momento global cuando existen riquezas desbordantes para algunos pocos, 28 mil millones de personas, casi la mitad de la población mundial, viven con menos de $2 USA al día, según los datos recién publicados por el Banco Mundial.
También dice el msimo reportaje que las desigualdades en el mundo durante el siglo 20, aumentaron en números desconocidos en la historia. La distancia económica de ingresos entre los países más ricos y los más pobres era 3 a 1 en el año 1820, 35 a 1 en 1950, 44 a 1 en 1973 y 72 a 1 en 1992. Y el abismo sigue creciendo.
Además, nos enforma el Banco Mundial que hay más que 100 millones de niños y niñas viviendo o trabajando en la calle, y más que 1 millión de mujeres y niñas están siendo ‘traficadas’ cada año en la prostitució.
En los últimos 16 años, World Watch Institute en Washington D.C. ha publicado un estudio de la situación del Salud Global. Aqui hay algunos datos interesantes:
Así como crece la población humana también, en paralelo, crece el empobrecimiento biológico de la tierra. Por ejemplo 11 por cien de todos las especias de pájaros, 25 por cien de los mamíferos, y 34 por cien de toda clase de peces, están en peligro de extinción
Es un panorama severa...pesada, este mundo nuestro. Pero no debe ser así, y en el año jubilar que acabamos de celebrar hicimos memoria de un plan de Dios para su tierra y para su pueblo. Nos preguntamos ¿quienes somos las mujeres religiosas en la Iglesia y el mundo de hoy?
¿como presentamos nuestra vida a este mundo? El Jubileo en la tradición biblica nos invita a un ‘empezar de nuevo’. Promover relaciones justas entre las personas , entre el pueblo y la tierra. Esta Palabra presenta RETOS a nuestras ideologias, sistemas, y instituciones; nos llama a remediar desigualdades y a elegir lo que da VIDA. En el corazón del Jubileo está la llamada de un Dios Liberador que LIBERA su pueblo …un Dios Creador quien pronuncia como un bien TODA la creación.
¿Quienes somos como mujeres religiosas en nuestro mundo de hoy? Somos templos del Espiritu de ese Dios liberador quien libera el pueblo, y nosotras tambien, somos llamados de lucha por la liberación, a denunciar y oponernos a toda opresión.
¿Cuál es nuestro papel en esta realidad? Somos meramente observadoras? ¿Qué nos dicen nuestros documentos cuando los leemos desde esta realidad? ¿A qué nos llaman? ¿Qué es lo que nos cuentan sobre nuestra identidad, sobre quiénes somos, sobre quiénes queremos ser? Cuando yo leo los documentos de mi Congregación, yo veo que hemos dicho algunas cosas muy radicales sobre nuestra identidad y cual es nuestro compromiso, cosas casi subversivas, revolucionarias…
Por ejemplo, en nuestras constituciones decimos:
De acuerdo con la enseñanza y directiva de la Iglesia trabajamos activamente, especialmente en lugares locales para eliminar las causas de la injusticia desde las raices, para realizar un mundo de paz, justicia y amor. Confrontar la injusticia con credibilidad requiere que nosotras vivamos de una manera justa. Nos esforzamos por vivir con simplicidad, por valorar el trabajo humano y por respetar la dignidad de cada persona; así daremos testimonio que vivir estos valores es posible para la humanida. (yas 17GD)
Son cosas radicales y yo sé, de hecho que hablar así en algunos lugares de nuestro mundo puede ser causa de prisión , de vivir ‘desaparecida’ y hasta pasar por la muerte. Entonces, ¿qué quiere decir que ‘nos comprometemos a? Lo que quiere decir es hacemos un compromiso trabajar por cambiar estructuras injustas y por enfrentar ‘los poderes’ que tienen mucha responsabilidad por la injusticia.
¿Somos capaces de vivir las consecuencias de tal compromiso…cada día? Vamos a perder amistades y ganar enemigos. A lo mejor encontraremos conflicto con la autoridad en el campo eclesial y con los del Estado. Sin duda, encontraremos la maldad ‘cara-a-cara’ también. ¿Estamos preparadas para tales consecuencias?
Diciendo eso, yo creo que el ‘corazón’ de nuestra llamada como religiosas, como mujeres, es entrar en lo profundo del dolor de nuestro mundo y del dolor de nuestra tierra. Cuando reflxiono sobre la cuestión ¿quienes somos nosotras en nuestro mundo de hoy? me viene la frase que repito y vuelvo a repetir: creo que somos mujeres, habitadas por el Espíritu de Dios, invitadas y llamadas a envolvernos en el dolor de nuestro mundo y de nuestra planeta, a veces aliviando el dolor con obras de misericordia, a veces denunciando y confrontando las estructuras que causan el dolor con obras de justicia; a veces llevando el dolor encima, sufriéndolo, aguantando también, dejándonos convertir por el.
He aqui una dimensión radical de nuestra vida. En una sociedad que se protege tanto contra el dolor, protegernos contra el dolor, evitarlo, ignorarlo, no tiene sentido. NOSOTRAS lo ELIGIMOS; libremente optamos por entrar en el dolor del mundo cada día. Aqui es donde entramos en el misterio pascual de Cristo.
El concepto de Jubileo es sobre las relaciones curando las que son quebrados,restaurandolas ¿De donde viene el dolor del mundo? Viene de las relaciones injustas, El dolor de las relaciones que nacen de la pobreza, de la desigualdad, del abuso de los derechos humanos, de la destrución de la vida y la ecología por las guerras y por la violencia. Todo eso tiene una raíz común: la explotación de las relaciones.
Creo, además, que tenemos que reconocer que estamos viviendo unos momemtos donde nuestra llamada nos invita a entrar en el dolor de la Iglesia. Al querer o no, nuestra Iglesia esta dividida y es una Iglesia con dolor. Al lo mejor algunas de vosotras aqui presentes estáis de acuerdo con los documentos eclesiales recién publicados sobre la liturgia, la sexualidad humana, o sobre las otras creencias religiosas; a lo mejor hay perosnas presentes aquí que no están de acuerdo con todo eso. Somos capaces de preguntarnos si existe injusticia DENTRO de la Iglesia? ¿Cómo podemos contestar que ‘si, hay’ y seguir siendo hijas fieles a la Iglesia? No podemos tener temor de formular y pronunciar algunas cuestiones. Y nos necesitamos unas a otras mientras formulamos determinadas preguntas.
La Vida Religiosa es una llamada a la profecía; seremos como los fariseos y escribas si condenamos la injusticia fuera de nuestro círculo pero no miramos a la injusticia dentro de la Igelsia, o dentro de nuestras Congregaciones. Yo reconozco que existen diferencias culturales muy profundos en estas cuestiones y que hace falta mucha sensibilidad entre nosotras mientras que diálogamos y compartimos las interpelaciones, pero ignorarlo serría una postura infiel también. El año jubilar nos ha llamado a mirar a todas nuestras relaciones en las estructuras y en la práctica; en las Congregaciones, en la Iglesia y fuera de ellas.
Una cosa que me llama la atención sobre el Jubileo es que nos es presentado como una oportunidad de empezar de nuevo, en lo personal, en lo social, y en lo ecológico. Nos llama a trabajar en armonía con la visión de Dios. ¿quienes somos las mujeres religiosas en la Iglesia? Somos mujeres que arriesgamos a soñar el sueño de Dios y ofrecemos nuestras vidas para hacerlo una realidad.
Sí, hermanas, ya se ha terminado el año jubilar pero su concepto histórico ¿no nos sigue enterpelando? ¿Tenemos el valor de preguntarnos a nusotras mismas: ¿de qué hay que despojarse o dejar atrás para enfrentar los retos de nuestro futuro? ¿cuáles ministerios hay que ya dajar atrás y cuáles hay que tomar con un compromiso renovado? ¿cuáles ministerios son los que nos dejan tocar el dolor de nuestro mundo y cuáles son aquellos que nos frenan de acercarnos al dolor? ¿cuales son las obras y las instituciones que nos atan en vez de liberarnos para movernos con el Espiritu de Dios dentro de nosotras? ¿Vivimos una vida profética? ¿Es cierto que nuestro estilo de vida refleja quiénes somos?
En un boletín recién publicado de los Jesuítas (Promoción de la Justicia) el autor estaba subrayando el hecho de que el Padre Arrupe había comentado con los Provinciales de América Latina que la situación socio-económica de toda la región era una contradición con el Evangelio. El decia " desde esta situación surge una obligación moral de nuestra Sociedad a re-pensar todos nuestros ministerios y cada forma de apostolado; a ver si, de verdad, ofrecen una respuesta a las prioridades urgentes de la justicia y igualdad social." WOW! ¿Podemos nosotras imaginar como será la situación si todos y todas respondemos a la misma llamada?!
Vaclav Havel, presidente de la Republica Czech, decía una vez: " Oímos mucho sobre la necesidad de re-estructurar las economías de los países pobres y que los paiíes ricos tienen responsabilidad de ayudarles a mejorar, pero yo digo que es el momento de pensar en una otra re-estructuración: re-estructurar el sistema de valores que forman las bases de nuestra sociedad." A mime parece que, nosotras, como mujeres religiosas en la Iglesia y en el mundo tendremos un aportación importante en tal re-estructuración.
"El cambio social no nos viene desde lo alto como un "alud" de las montañas. El cambio social viene cuando las semillas de nuevos valores y actitudes crezcan en una tierra bien preparada."
(Ursula Franklin)
Para mí, uno de los retos de nuestro tiempo es dar a conocer, en todas partes, nuestra vida religiosa (en la misión, en la comunidad) que es llamada a unas relaciones justas, y que tienen su inspiración en el Espíritu de Dios. La visión de la justicia que nos guía está conectada, de forma íntima a nuestra fe, y está profundamente enraizada en la Palabra, en la tradición católica y en casi todos nuestros documentos Comgregacionales. Es ‘más alla’ de cualquier movimiento político o ideología o filosofía. Estamos tratando de realizar el Reino de Dios, impulsadas por el Espiritu. Somos "agentes de cambios en las manos de Dios y es esa la espiritualidad del Reino" (alberto nolan). Es sencilla y profunda a la vez.
¿Quienes somos como mujeres hoy? Somos mujeres que arriesgamos soñar el sueño de Dios, y ofremos nuestras vidas para vivir como ‘agentes de cambio’ en las manos de Dios, para que su sueño llege a ser realidad?